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martes, 23 de enero de 2018

La Cueva de la Hidra / El discurso y la mentira

Margarita Jiménez Urraca

El viejo discurso de arenga barata, el de la división, el señalamiento, la desconfianza o el de la iluminación nos dejan en las mismas que el exceso de promesas poco viables de cualquiera de los candidatos de los partidos que hoy contienden a la Presidencia de la República, los que no logran contar una historia que interese. Esta es una campaña sin historias, cuando lo que sobran son éstas. El PRI, por ejemplo, al que pareciera que nadie quiere oír, puede contar en voz de alguno de sus leales el por qué de su fidelidad; las sorpresas que nos llevaríamos son inimaginables y en un cara a cara de la ciudadanía con José Antonio Meade, los hallazgos que se podrían encontrar serían verdaderamente sorprendentes.

El PAN debiera contar sobre su pasado y su historia y de por qué Ricardo Anaya los representa al tiempo que al PRD y al Movimiento Ciudadano (se ve difícil). Hacer ejercicios que atendiesen intereses diversos, con ingenio, innovación en la manera de narrar y ¡sin copiar!

Discurso conservador, quien tenga algo que conservar (AMLO que va a la cabeza), pero los que van atrás y “tienen que ganar” necesitan atreverse, convencer, aprovechar el tiempo, utilizar una narrativa novedosa, persuasiva. El Señor Meade, por ejemplo, tiene dotes didácticas que debiera utilizar con frecuencia para bajar a tierra los problemas y soluciones que la gente de a pie demanda; no podemos olvidar que hay mexicanos que permanecen en el Siglo XIX y otros que ya están en el XXI; en esta realidad ha de desenvolverse la narrativa.

Me pregunto, cómo se establecería un diálogo entre un@ andidato@ con Doña Lupe la de la pollería o con Don Sebas el de la tiendita de la esquina que resultara verdaderamente victorios@ el o la suspirante y no sólo el discurso del líder clásico. Cómo narrarle a la gente del día a día que no se equivoquen de rumbo a la hora de elegir porque todos parecen vencedores ya que adoptan discurso de vencedores. Cómo enseñarles a bien elegir, a entender que el voto no tiene regreso, cómo aprender a tomar lo esencial de un debate y a diferenciar entre irresponsabilidad y actitud responsable, entre propuesta y quimera, entre experiencia y palabrería, entre generadores de impresiones y candidaturas que hablan con la verdad ¿Cómo? Hace falta un nuevo discurso. Hoy por hoy están ganando las expresiones ríspidas y las tonaditas pegajosas ¿Es eso lo que esperamos, lo que necesitamos y merecemos?

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