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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Enfoque Global / Amenazada de muerte clínica la OMC

José Luis Ortiz Santillán

La reciente declaratoria de guerra a los palestinos con el traslado de la embajada de los Estados Unidos a Jerusalén, muestra que el presidente Donald Trump no tiene escrúpulos y cumplirá sus promesas de campaña, incluida la eminente salida de su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El presidente Trump prometió sacar a su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y al llegar a La Casa Blanca firmó la orden ejecutiva para deslindar a su país del Acuerdo, mostrando que cumplirá sus promesas.

Lo anterior pone en evidencia que el impredecible presidente de los Estados Unidos puede hacer cualquier cosa, incluso manipular a su favor las normas del trato preferencial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), si eso le proporciona beneficios; o bien, salir de la OMC y establecer sus propias reglas comerciales, poner fin al TLCAN y establecer sus barreras arancelarias por arriaba del 35%.

El presidente Trump es enemigo del libre comercio, del sistema actual del comercio internacional, particularmente con la cláusula de la nación más favorecida, el artículo I del antiguo Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) que dio origen a la actual OMC, que prohíbe que sus miembros tengan prácticas discriminatorias entre sus socios comerciales y los obliga a darles el mismo trato en términos de aranceles; los que implica que, si un país reduce sus barreras arancelarias para un producto determinado, está obligado a hacer lo mismo para el comercio con los demás miembros de la OMC.

Este fin de semana inició en Buenos Aires inició la undécima conferencia ministerial de la OMC, que tratará de salvar a la Organización de una muerte clínica. Para el presidente Trump la OMC no significa nada y así como ha hecho con el Pacto de Paris sobre el calentamiento Global, o sobre el acuerdo de migraciones o la UNESCO, en cualquier momento puede poner fin a la participación de su país en la OMC; pues para él, el mundo no es una comunidad global, sino un escenario donde las naciones, los actores no gubernamentales y las empresas participan y compiten por ventajas.

En junio pasado, Gary Cohn, Director del Consejo Económico Nacional de la administración Trump, describió la visión del presidente estadounidense sobre el mundo, planteado que su visón implica negociaciones duras en el marco de la undécima conferencia ministerial de la OMC; de tal modo, que las negociaciones iniciadas este domingo y que terminarán mañana miércoles, bien podrían concluir sin acuerdos, poniendo a prueba la capacidad del Director General de la Organización, el brasileño Roberto Azevêdo, para salvar de la muerte la organización del comercio mundial, amenazada de muerte por el presidente Trump quien ve en ella obstáculos y ninguna utilidad.

Una de las rondas de negociaciones más largas fue la Ronda de Uruguay, en la cual se lograron al final importantes acuerdos en 1994. Sin embargo, la OMC espera que se puedan lograr avances graduales, dentro de una política de pequeños pasos, según palabras de un funcionario que participa en las negociaciones, quien espera llegar a un mini acuerdo sobre el fin de los subsidios que contribuyen a la pesca ilegal y no reglamentada; dentro de un acuerdo puramente político que requerirá largas negociaciones para implementarlo.al final.

En estas negociaciones, la principal preocupación de los 164 ministros de comercio de los países miembros de la OMC, será preservar el sistema comercial internacional como lo ha sido desde su creación en 1995. Ello implica un trabajo arduo bajo los ataques del presidente estadounidense y su amenaza de sacar a su país de la OMC, por ser un “desastre” esa organización como lo es el TLCAN.

Si bien el presidente Trump aún no ha concretado su amenaza de sacar a los Estados Unidos de este foro multilateral sobre el comercio, él está complicando seriamente las negociaciones. Por ejemplo, Washington ha bloqueado el nombramiento de tres jueces del Cuerpo de Solución de Controversias (OSD) de siete miembros, entre ellos un juez mexicano que renunció en junio pasado; un surcoreano, que dejó su puesto para convertirse en ministro de comercio en su país y un belga cuyo periodo termina en diciembre, pero que hasta hoy no se sabe cómo serán reemplazados.

Como sucede con el artículo 19 del TLCAN, el cual quiere eliminar el presidente Trump, los Estados Unidos intentan socavar el cuerpo de solución de controversias en la OMC. En efecto, en los medios se sabe que los Estados Unidos están intentando en sofocar el contenido del mecanismo de solución de disputas y, por lo tanto, reducir la capacidad de la OMC para regular el comercio internacional, de acuerdo a declaraciones de un funcionario de la OMC en el anonimato.

Los Estados Unidos creen que las disputas o controversias, las cuales se activan cuando existe un diferendo entre dos país sobre un tema comercial, toman demasiado tiempo y terminan en manos de un órgano de apelación al que acusan de invadir la soberanía nacional; al presidente Trump le gustaría volver a los buenos tiempos del GATT, el precursor de la OMC, donde podrían bloquear una decisión del OSD si no les gusta; por lo que a la administración Trump le gustaría poder confiar en las leyes de su país.

Pero no sólo son los Estados Unidos quienes defienden sus intereses en el seno de la OMC, también está la India que ha obtenido un estatus derogatorio para su política de seguridad alimentaria y quiere que la OMC extienda ese estatus por más tiempo; China, por su parte, ha protestado porque no ha obtenido la condición de economía de mercado según lo previsto en su protocolo de adhesión a la OMC de diciembre de 2016 y ha declarado que tomará las medidas necesarias para proteger los derechos e intereses de las empresas chinas y conservar sus derechos recurriendo al OSD.

Bajo este contexto, hoy pareciera que la OMC podría entrar en estado de “como”, porque a los Estados Unidos no le interesa más su funcionamiento y pretende que el mundo se rija por sus propias leyes nacionales, haciendo de ellas leyes supranacionales para todos los países. Sí eso llegará a suceder, dejaría el camino libre para decisiones comerciales unilaterales con todas las consecuencias previsibles y la vuelta al proteccionismo comercial; con ello se frustrarían los sueños del GATT, ahora convertido en OMC, de hacer del planeta una unión aduanera regida por el libre comercio.

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