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lunes, 13 de noviembre de 2017

La Cueva de la Hidra / Miscelánea sísmica

Margarita Jiménez Urraca

A dos meses de los sismos de septiembre y después del estupor y la admiración al voluntariado de los jóvenes y la sociedad mexicana, la gran oportunidad de unidad, cohesión y esperanza se desaprovecharon y se expresaron, en cambio, los déficits de una problemática compleja que se quedó a la mitad del diálogo o no se ha comunicado con claridad porque se conjugó el problema con el proceso electoral: sucesión y renovación del congreso, 9 gubernaturas, 27 congresos locales y mil 825 presidencias municipales.

Campamentos en la calle, construcciones en riesgo sin demolerse, damnificados sin claridad sobre el destino de sus propiedades, niños y jóvenes que aún no regresan a clases en la CDMX, Estado de México, Puebla, Morelos, Oaxaca y Chiapas.

Estamos entrando a la tercera etapa después del sismo, la de reconstrucción; ya pasó la urgencia y continúa la de retiro de escombros. La tercera etapa es la más difícil, por la desesperación ciudadana que no ve llegar la ayuda para reconstruir sus casas y se acusa falta de atención de todos los niveles de gobierno. A partir de esta semana los vecinos que perdieron sus casas se han organizado en la “Coordinación de Damnificados de la CDMX” (no todos son damnificados) y han empezado a realizar bloqueos viales en diversos puntos de la ciudad, como Calzada de Tlalpan, Canal de Miramontes, Av. Universidad, Pacífico, en la colonia Roma y Condesa. Como antecedente, después del sismo de 1985 surgieron las organizaciones sociales y políticas que hoy son factor en la ciudad, como la Nueva Tenochtitlán de René Bejarano, la Asamblea de Barrios de Marco Rascón y muchas otras que luego conformaron al PRD en la Ciudad de México. Lecciones que son historia y que pudieran repetirse junto con el incremento de la desesperación y la desconfianza social, mezcla que abona al descontento.

A pesar de lo avanzado, de lo mucho hecho por funcionarios a los que se les ha visto en diversas regiones del país, lo logrado les parece insuficiente. ¿Falta diálogo, persuasión, decisiones? Quizá una rendición de cuentas más humana sobre lo recaudado así como un proyecto integral pudieran atemperar, además del establecimiento de centros de negociación en los que se logren acuerdos por grupos y las opciones que se ofrecen vayan siendo aceptadas y difundidas de poco en poco. Asumir que las cosas cambiaron. No hay otra forma de hacerlo.

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