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viernes, 3 de noviembre de 2017

Economía y Política / La justicia colonial y el odio anticatalán

Miguel Ángel Ferrer

Ese engendro al que algunos llaman la justicia española acaba de ordenar el encarcelamiento de ocho miembros del gobierno catalán. El mismo equipo gubernamental que fue cesado por el régimen colonial de Madrid. A las acusaciones absurdas, febriles e increíbles de rebelión, sedición, malversación de fondos públicos y cohecho, la justicia colonial pudo agregar algunas cuantas más: infidelidad conyugal, proxenetismo, ejercicio de la prostitución, venta de drogas al menudeo, abusar sexualmente de la trabajadora (o trabajador) doméstica, sodomía, fumar mariguana en público, embriaguez consuetudinaria y orinar en la vía pública.

La justicia de la metrópoli no se atrevió a acusarlos de terrorismo, de poner bombas o de “pegar tiros en la nuca”, porque en Cataluña nunca hubo un equivalente de la ETA (Patria Vasca y Libertad). Pero esto último no obsta para arrimar leña a la hoguera del odio anticatalán presente en vastas regiones de España y muy vivo en millones de españoles intoxicados por los medios de comunicación monopólicos, monárquicos y granburgueses.

Odio anticatalán como odio antivasco. Odio irracional, odio sin más fundamento que los pensamientos y sentimientos supremacistas, españolistas  y finalmente colonialistas. Nada sorprendente si se recuerda que el colonialismo español tiene, al menos, 500 años de existencia. Bárbaro y criminal colonialismo histórico que la actual población española se niega a reconocer y, por supuesto, a condenar. ¿No comandaba Franco el ejército colonial en el norte de África que se sublevó el 18 de julio de 1936 contra la República?

Con base en esa política del odio inducido contra los catalanes es que la justicia metropolitana quiere que la población española se trague las absurdas imputaciones contra el gobierno autonómico de Cataluña, acusaciones tan propias del régimen franquista que, dicho sea de paso, es añorado y adorado por millones de españoles, incluidos por supuesto muchos que sin haber nacido en Cataluña viven en territorio catalán. Y también desde luego por muchos catalanes que viven en su tierra o en el resto de España y en otras geografías.

Colonialismo, franquismo y monarquismo es el trípode que fomenta el odio anticatalán hoy avivado por los beneficiarios del statu quo. “Patria es humanidad”, decía el Apóstol cubano José Martí. El mismo personaje, vale la pena recordarlo, que en el siglo XIX dirigió la “guerra necesaria” contra los ejércitos colonialistas españoles para liberar a los cubanos del yugo peninsular.

¿Por qué, sensatamente, un castellano, un gallego, un vasco, un andaluz o un canario tendrían que odiar a un catalán? No hay razones. Son odios creados, inducidos y fomentados. Patria es humanidad. Odiar a una nación, a una etnia, a una población cualquiera es odiar a la humanidad.

Odiar a los catalanes o a los vascos es tan absurdo e injustificable como si en México odiáramos a los  mixtecos o a los zapotecos o a los mayas o a los triquis o a los yaquis. Tan absurdo como odiar a los negros o a los pieles rojas o a los hispanos en Estados Unidos. Y tan insoportable como el odio que en evidente criollismo muchos chilenos sienten por los mapuches.

Si la justicia colonial española tuviera algo de justicia no se habría atrevido a inventar cargos tan antijurídicos y absurdos a ciudadanos que sólo aspiran a decidir por sí mismos su destino. Se ve que el colonialismo en España, en expresión muy castellana, goza de cabal salud.

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