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lunes, 9 de octubre de 2017

La Cueva de la Hidra / La subasta

Margarita Jiménez Urraca

La política solía ser un tema serio. Dejó de serlo hace mucho, pero hoy más que nunca ha llegado a niveles de mercado: quién da más, quién se coliga con quién, sea de la ideología que fuere, quién se desprende de los recursos, como si las cosas fueran tan sencillas. Una de las subastas consiste en qué partido deposita más para la reconstrucción, como si el INE y la Cámara de Diputados estuvieran pintados. Se hace política, sí, pero no de gran calado en los partidos. La noble causa de ayudar a los damnificados requiere de apoyos constantes y sonantes, también de los partidos políticos y de sus militantes, pero igualmente serán necesarios recursos para hacer campañas con claridad, respeto y soluciones al momento que vive el país a fin de entrar en contacto con los ciudadanos, sin embargo, como el estado de santidad no es propio de los partidos, a quienes ya nadie les cree pudieran caer en opacidad, amenaza del 2018. De manejarse así las cosas como se pretende, se perderá el ejercicio de la transparencia, totalmente.

No al dispendio, no al discurso hueco, no al desperdicio, pero sí al impulso a la participación democrática de la sociedad con su voto no con memes, rumores y análisis infundados. Al entregarse las prerrogativas de los partidos al Fondo de reconstrucción, las campañas se verán acotadas pero se llevarán a cabo de cualquier manera. Lo que no sabemos es qué financiamientos alternativos se darán. Si no se cuenta con las prerrogativas, la desconfianza ciudadana se incrementará, ya que se favorecerá que grupos no deseables contribuyan al gasto de las campañas y que los compromisos se incrementen y tengan un origen más oscuro ¿Nos engañamos o a quién engañamos?

La democracia como régimen político ha de ser sólida, solvente y contar con actores en el mismo sentido. No es así. Los partidos políticos son parte de ella, y entre sus atribuciones no están las subastas. Entre más juegos de artificio, más vulnerables los partidos, menos autogestivos, menos confianza de la sociedad.

El titular de la Fepade señaló recientemente que “eliminar (dejar de contar con) el financiamiento público a los partidos podría provocar mayores desvíos de los órdenes de gobierno a las campañas”, entonces los grupos de interés como empresarios, corporaciones de medios de comunicación, iglesias, transnacionales o el narco se infiltrarían en la democracia conquistada con no pocas dificultades.

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