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viernes, 13 de octubre de 2017

Economía y Política / España: dictadura con máscara democrática


Miguel Ángel Ferrer

No es fácil encontrar una explicación racional a la fiera determinación del gobierno de Mariano Rajoy de impedir a toda costa la realización del referéndum que permitiría conocer cuál es la opinión de los catalanes sobre su permanencia o salida del Reino de España. ¿No es acaso un derecho humano fundamental decidir de manera libre sobre el presente y el futuro propios?

¿Qué le preocupa tanto a Rajoy para haberse atrevido a emplear la fuerza bruta para impedir la expresión libre de los catalanes sobre su presente y su porvenir? ¿Y qué ha llevado a Felipe de Borbón a mostrarse como un autócrata estilo siglo XVI, abandonando el  prefabricado papel de supuesto factor de equilibrio, de fiel de la balanza en la lucha política, social, económica y cultural entre los españoles?

¿La legalidad? ¿Pueden importarles la legalidad, el imperio de la ley a los célebres corruptos que despachan en los palacios de la Moncloa y de la Zarzuela? ¿Los bandidos preocupados por el cumplimiento de la ley que de aplicarse rectamente los tendría confinados en alguna prisión para delincuentes comunes?

Y lo mismo podría decirse de los antecesores de Felipe de Borbón y de Mariano Rajoy: Juan Carlos, Felipe González y José María Aznar, los tres con bien documentada fama pública de individuos ultracorruptos y criminales de lesa humanidad.

Consecuentemente, la única explicación de la conducta irracional, arbitraria y autocrática de Rajoy y del Borbón es el miedo a permitir, más allá de sus efectos inmediatos, un precedente de verdadera democracia, de elemental democracia, de la única y verdadera democracia que es la consulta al pueblo. Y eso no se lo pueden permitir porque implicaría que las otras naciones de España pudieran también querer expresarse libremente para abandonar o permanecer en el estado monárquico al que pertenecen sólo por la voluntad del “Caudillo de España por la gracia de Dios?

Dejar que se siente el precedente catalán de consulta al pueblo implicaría, además de la opción soberanismo o unionismo, la opción república o monarquía. Y aunque no hay duda de que acaso millones de españoles tengan preferencias monárquicas, tampoco la hay de que otros millones tienen convicciones republicanas. Y la mejor defensa contra el conocimiento de la realidad, ya natural, ya social, es el oscurantismo y la ignorancia. Que el pueblo no sepa, que el pueblo no piense para que no tenga que decidir, para que otros, las élites de la corrupción y de la antidemocracia, decidan por él.

Felipe de Borbón, Rajoy y la derecha española y centralista tienen bien clara la película: en Cataluña ahora y desde hace más de una centuria la monarquía está en cuestión. Y lo que se dice para los Países Catalanes se puede afirmar para los vascos y para las otras naciones del Estado español. ¿O alguien puede afirmar que en España ahora todos los españoles, incluidos los castellanos, son partidarios de la monarquía?

“Peor es menearlo” diría el castellanísimo don Quijote de la Mancha. “No le muevan, quietos todos, así estamos bien” son la consignas del conservadurismo y de la reacción. Y si para que todo siga igual es necesario mostrar la cara más odiosa y abominable del franquismo insepulto, pues a mostrarla sin miramientos. Y si durante los últimos cuarenta años España ha vivido una dictadura con máscara democrática, pues a quitarse la máscara.

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