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miércoles, 13 de septiembre de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Décima novena parte)

México es un país de contrastes permanentes. Desesperanza de unos, beneficio insultante de los menos. Su peor lastre es la ignorancia y la aspiración ancestral del encuentro con Quetzalcoatl, el hombre-Dios, inmaculado que cubre protectoramente con su plumaje a un pueblo desvalido emocionalmente y con su lengua de fuego lo protege del agresivo invasor.

La ignorancia decíamos, es el lastre que impide el progreso de un país, rechaza al conocimiento y en consecuencia a la igualdad.

La ignorancia provoca esa suerte de esclavitud salarial en la que se hunde la mayoría de la población.

En China en este momento se construyen las mayores granjas eólicas del mundo, y la espectacular urbe de Chongqing es la ciudad de mayor crecimiento del orbe, con una modernidad que hace palidecer a Nueva York y a Londres. La base de este desarrollo es la instrucción de la población, el orden y la disciplina.

Mientras eso ocurre en China, México mantiene una forma de convivencia en amplias regiones, sobre los supuestos del desorden, la indisciplina y la falta casi total de una instrucción básica.

Perdidos en su confusión  sectores emergentes de la nación confunden derechos con ausencia de obligaciones, igualdad con indisciplina.

El asunto no es nuevo, a principios del siglo XX mientras una élite mantenía en la miseria a la mayoría del país y provocaba una revolución sangrienta,  en Nueva York, William James disertaba sobre nuevas fronteras de la filosofía y del conocimiento humano.

Así andamos por el mundo,  perdidos en nuestra propia confusión.

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