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martes, 26 de septiembre de 2017

La Cueva de la Hidra / El último héroe

Margarita Jiménez Urraca

Hoy iba a escribir sobre la muerte de mi último súper héroe, René Drucker, el gran científico mexicano fallecido esta fatídica semana, pero la realidad me dictó la nota. El sismo, el miedo, el desastre, la tragedia se apoderaron de mi espacio. México se cimbró el martes 19 de septiembre a las 13:14 hrs., después del temblor del 7 del mismo mes, eventos que detonarían un movimiento de solidaridad, generosidad, determinación y valentía entre los mexicanos, me atrevo a decir que sólo con deshonrosas excepciones. Se arriesgó la integridad personal y el patrimonio o hasta lo que no se tenía. Los mexicanos nos unimos frente a la desgracia para ayudar, hacer y resolver. Hoy seguimos unidos y surgieron los héroes.

El centro del dolor que antes fueran el Istmo en Oaxaca y Chiapas ahora se extiende a la Ciudad de México, Morelos, Puebla, el Estado de México, Guerrero y el símbolo: los niños del Colegio Rébsamen.

La sociedad parece decirnos que quisiera abrazar a todas las entidades y a todos los seres humanos en riesgo, caídos o con miedo, el gobierno dentro de sus responsabilidades y atribuciones y más allá de éstas ya lo hace. Los actos heroicos se repiten, los de la población civil, los de los medios de comunicación, las redes sociales y los especialistas que impulsaron a una sociedad que de suyo ya se había empezado a mover. Un dejavu de 1985 se hizo presente y dictó a los jóvenes, como entonces, actuar con una fuerza y determinación admirables que invadió todo con su vitalidad y entusiasmo.

Desde el primer momento, el Colegio Rébsamen y diversos edificios en la CDMX, Jojutla en Morelos, Ocuilán, Tenancingo, Tonatico, Zumpahuacán, Ecatzingo y Amecameca en el Estado de México; los niños y el desastre visto a través de los medios movieron las emociones de un lado a otro como una montaña rusa. En medio de todo ello diversos lugares donde ayudar y héroes, más héroes anónimos de toda condición y origen hasta la fatiga, con las manos heridas, sin dormir, con ganas de lograr, de vencer, de salvar vidas, los héroes jóvenes. Las familias organizadas para dar hasta que duela como decía Teresa de Calcuta: comida preparada, agua, café, cobijas, palas picos, herramientas, guantes, material de curación, consuelo, con los espacios de sus hogares como centros de acopio y albergues improvisados.

Hoy mis héroes son los jóvenes, quienes millennials o no han demostrado que se unen por una causa que es México, por sus hermanos y se gradúan de adultos heroicos.

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