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martes, 26 de septiembre de 2017

Enfoque Global / El poder de los jóvenes frente al Estado

José Luis Ortiz Santillán

Los medios se han dado cita para atestiguar todo cuanto ha pasado durante el sismo y en medio del contexto sociodigital del Siglo XXI, el terremoto del 19 de septiembre ha puesto a prueba la capacidad del gobierno para dar respuesta a las necesidades de la población, pero sobre todo, a la sociedad civil y a los millones de jóvenes mexicanos, hasta hora subestimados.

Miles de jóvenes, despreciados y calificados de “Ninis”, de personajes ajenos a la realidad nacional, incapaces de reaccionar ante la injusticia social como en 1968, frente a la violencia y la corrupción, miles de jóvenes del todo el país han levantado su mano para decir aquí está mi mano México.

La generación de los jóvenes que han estado sumergidos en la NET, en las tecnologías digitales, en el Nintendo y las Playstation, en las TIC’s, los nativos digitales, han dado una muestra de su capacidad de coordinación y de acción frente a las necesidades de la sociedad durante el terremoto.

Su acceso a la tecnología les ha permitido comunicarse en tiempo real, coordinar sus acciones y actuar en el rescate de las victimas de los sismos que han golpeado la Ciudad de México, Estado de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas en este mes, prestando apoyo a los rescatistas y coordinando la ayuda de la sociedad civil.

La generación de jóvenes de la sociedad de la información y las comunicaciones, han puesto en práctica lo que han aprendido en un ambiente de emergencia nacional. Los miles de jóvenes que hasta hoy siguen trabajando para apoyar los trabajos de rescate y auxilio a la población damnificada, han demostrado que no sólo están ávidos de asimilar conocimientos tecnológicos, sino de construir nuevos de manera colectiva y cooperativa; de construir estructuras para apoyar a la población y mejorar la comunicación entre toda la sociedad civil, utilizando las TIC’s para acceder a la información.

A los jóvenes no les importó el color de sus semejantes y compatriotas, ni la clase social a la que pertenecen, la solidaridad fue la divisa para apoyar a todos sus conciudadanos que sufrieron los estragos del sismo. En la remoción de escombros, en el acopio y suministro de víveres, en los albergues, en las redes sociales se convirtieron en un solo puño. La generación del Siglo de la tecnología de la información y las comunicaciones dijo presente y no le importó ensuciarse las manos.

Esta experiencia nos ha mostrado que, a pesar de que aún existe una enorme brecha digital entre los jóvenes, debido al costo del acceso a la tecnología y los sectores más pobres de la población continúan marginados, ya no hay forma de engañar a los ciudadanos. Pues si bien, tal parece que al presidente Enrique Peña Nieto le persiguen los casos de niñas muertas que hunden su imagen como gobernante, como fue el caso de la niña Paulette cuando gobernó el Estado de México; durante el sismo del 19 de septiembre en la escuela Enrique Rébsamen, debió enfrentar ahora el caso de niña Frida Sofía, de la cual se dijo que nunca había existido, lo cual desató la cólera entre miles de mujeres de todas las edades y clases sociales.

Los medios de comunicación  y las redes sociales dieron cuenta del caso de niña Frida Sofía, millones de mexicanos estuvieron pegados a sus televisores con la esperanza de ver recatada a una niña que nunca existió, según el Almirante Ángel Sarmiento. Pero bastó pocos minutos para que una vez que los ciudadanos se sintieran engañados, y las televisoras se vieran obligadas a aclarar la información que estuvieron ofreciendo, reaccionaran airadamente contra el gobierno y sus funcionarios.

La sociedad civil ha demostrado el 19 de septiembre su capacidad de organización. Si bien se han puesto de manifiesto las contradicciones y rivalidades entre el ejército y la marina, entre éstos y protección civil de la Secretaría de gobernación (SEGOB), entre esas instituciones que representan al Estado y la sociedad civil, los “ciudadanos de a pie” (incluidos Los Topos), lo que no es nuevo, los miles de jóvenes han dejado claro el poder de que disponen cuando son capaces de unirse y organizarse con un objetivo.

Sin embargo, esas contradicciones que frecuentemente se ponen de manifiesto en los trabajos de apoyo a otros países cuando han sido afectados por terremotos, como han sido los casos de Haití, Japón y Ecuador, proyectan una imagen desafortunada de lo que es realmente el poder de la solidaridad mexicana. El deseo de figurar, de sobresalir, conduce muchas veces a rivalidades entre los funcionarios o a humillar a los rescatistas de los Topos, acusándolos de vender sus servicios, de robar y de no formar parte de la ayuda internacional de México.

México está de duelo, pero también ha asumido ahora un rol critico y de supervisión de los que ha dejado de hacer el gobierno. Es importante superar las diferencias entre los entes del Estado frente a estas catástrofes, pero también tomar decisiones acertadas que ganen el respaldo de la población frente a los trabajos de rescate y apoyo a la reconstrucción.

Desde ahora, los ciudadanos asumirán su rol de jueces, de supervisores, de contralores del trabajo de las autoridades, de los partidos políticos y lejos de ser ésta oportunidad para cubrirse de éxito, de cara a las elecciones de 2018, esta coyuntura podría convertirse en la sepultura de muchos políticos y de algunos partidos en las próximas elecciones generales; sobre todo, si los jóvenes no bajan la guardia y fortalecen sus vínculos con la sociedad civil a la que pertenecen.

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