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miércoles, 9 de agosto de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Décima Sexta Parte)

La Nueva España era considerada como uno de los territorios  más ricos del orbe. El movimiento de la insurgencia de 1810 surge envuelto en una serie de coyunturas históricas favorables, sobre todo la debilidad de la corona española debido a la invasión napoleónica.

Cuando Hidalgo detiene la toma de Ciudad de México, por causas que nunca fueron del todo claras, la suerte de la guerra cambia para mal de los independentistas.

Se cree que Hidalgo tuvo el temor de que la Ciudad fuese presa del saqueo y la devastación por la turba que formaba parte del grueso de sus ejércitos, no se sabe a ciencia cierta.

Hidalgo tenía  a la vista una ciudad indefensa después de su victoria en el Cerro de las Cruces. Su entrada en la capital hubiera significado probablemente el triunfo de independencia en unos cuantos meses.

Su decisión le costó la vida y la guerra se prolongó durante una década más, pasando a ser en ocasiones apenas una guerrilla con relativa importancia.

Al triunfo de la independencia y después del fallido imperio de Iturbide, México se constituye como una república federal tomando el modelo de los Estados Unidos de América,  que fue siempre un referente político para la ideología insurgente; sonaba políticamente correcto, pero el federalismo estaba en contra de la realidad nacional que era absolutamente centralista.

Aun hoy en día el centralismo mexicano se ve reflejado en su gran dependencia del gobierno federal y en el peso político, cultural y económico que tiene la Ciudad de México, sobre el resto del país.

En buena medida la inestabilidad que sufrió la naciente republica durante el siglo XIX y su paulatino empobrecimiento se debió a esta decisión, para 1850, solo 30 años después de su independencia, México era un país empobrecido, endeudado y sumido en constantes golpes de estado y por supuesto a merced de la ambición de las potencias extranjeras que nunca dejaron de ambicionar la riqueza de su territorio.

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