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miércoles, 9 de agosto de 2017

En las Nubes / Una utopía

Carlos Ravelo Galindo

(Uno de dos)

Por supuesto que el ferrocarril de Tehuantepec, amén de una ilusión, que  menciona el actual mandatario en Oaxaca, tendría otra connotación. Acaso el ¿gran desafío político y económico? O una utopía.

Para hablar del tema recurrimos a los archivos de nuestro amigo Fernando Calderón Ramírez de Aguilar. Y con su ayuda, obviamente, logramos desenterrar parte de esa historia.

En los gobernantes periódicamente vuelve a brotar la idea de realizar algo nuevo, algo diferente a lo ya hecho y logrado por los anteriores hombres en el poder transitorio.

Quizás ello ocurra por amor o quizás por el deseo de pasar a la posteridad con un buen nombre entre la gente de su origen. Lo creerá Pepe Murat, hijo. ¿Quién sabe?

Lo importante es que un sueño acariciado desde hace mucho tiempo por muchos vuelve a surgir en la palestra del pensamiento político y socioeconómico: comunicar el Océano Pacífico con el Golfo de México, desde luego sólo por vía terrestre.

La vía marítima a través de un canal, sería una necedad y nos entregaría a los estadounidenses ambiciosos de siempre.

Nos hemos salvado de milagro. Así lo vemos y lo sentimos al examinar los antecedentes y sucesos que se han suscitado en los países que han tenido lo que creyeron sería una fortuna inagotable y ha resultado una desgracia.

Baste sólo saber lo que viven quienes se albergan en el Canal Suez o en el Canal de Panamá y como se han dividido los países por ese solo hecho.

Partir en dos a México sería inaudito.

A un siglo de la primera activación del ferrocarril durante el régimen de Porfirio Díaz, la región del istmo de Tehuantepec continúa con problemas similares a los que había entonces, aunque al parecer de menor intensidad.

En la actualidad la región del istmo tiene más de 600,000 habitantes, 48 por ciento de los cuales corresponde al sexo masculino. La población tiene cierta inestabilidad a partir de los 19 años y se convierte en un grupo potencial de migrantes.

Tiene la fortuna de tener tierra muy adecuada para la ganadería y la producción agrícola, por lo que es posible sembrar y cultivar maíz, frijol, diferentes variedades de chiles, sandía, melón, piña, coco, caña de azúcar, sorgo, cacahuate, ajonjolí y café.

Además una variedad de árboles frutales, sobre todo mango y tamarindo.

Se fortalece con la pesca, principalmente del camarón, y una  industria mezcalera, una mas dentro de las que cuenta el estado de Oaxaca.

También un sin número de minas de cobre, plata y oro. Cuenta con una zona eólica y una  maderera ambas muy importantes. Como  fábricas de cemento y cal, así como yacimientos de petróleo y una refinería en Salina Cruz y otra en Coatzacoalcos. Ésta en Veracruz.

En el sector primario se ubica 44 por ciento de la población económicamente activa, 24 por ciento en el secundario y el resto en el terciario.

Una parte muy importante de la población no alcanza a cubrir sus necesidades básicas.

El alfabetismo es bajo en razón de la región valles centrales de Oaxaca en donde ochenta por ciento de los habitantes sabe leer y escribir.

Se da mayor oportunidad a los hombres de instruirse, lo que constituye una inequidad de género. Nos informa otro oaxaqueño insigne, don Daniel Bautista Hernández.

Aproximadamente 19 por ciento de la población no logra acceder a los servicios educativos básicos, a pesar de que por ley son obligatorios.

Siete por ciento de la población tiene acceso a la educación profesional, ya sea fuera del estado de Oaxaca, o a través de la Universidad del Istmo, en las carreras de ingeniería, diseño, química, petrolera, computación, ciencias empresariales y administración pública.

Únicamente 0.22 por ciento de la población cuenta con maestría o doctorado, situación alarmante si se toman en cuenta las necesidades de la región. Añade a quien se le conoce como “El Tule”

Nos referiremos  a la necesidad de contar con un ferrocarril para el transporte de los contenedores repletos de mercancía que se supone pasarán del Océano Pacifico al Golfo de México y viceversa, ya que el incremento permanente en el costo de la gasolina hará que cada día sea más costoso su traslado a través de una carretera transistmica, aunque realmente lo ideal sería contar con las dos vías.

El istmo es la región más grande del estado de Oaxaca. Tiene dos distritos: Tehuantepec y Juchitán, que en total comprenden 41 municipios. Colinda con los estados de Veracruz y Chiapas.                

Su geografía la convierte en una zona estratégica para el paso comercial y es para lo que se pretende usar en el futuro. Traería beneficios económicos importantes al estado y al país.                      Comparado con la vía del Canal de Panamá, este puente comercial ahorraría tiempo, distancia y dinero en una forma importante.                                                                                                            

La visión de unir a los dos océanos por el istmo de Tehuantepec es muy antigua. Data desde la conquista. El mismo Hernán Cortés lo buscó, pero todo se suspendió debido a las incursiones de los piratas en los puertos de Veracruz. El puerto del Espíritu Santo que se encontraba al otro lado del río Coatzacoalcos sufría ataques frecuentes y la idea se tuvo que abandonar.                                                
Por órdenes del virrey Antonio María de Bucareli, en 1774 se llevó a cabo la agrimensura del istmo para corroborar si en efecto se podría llevar a cabo una ruta a la desembocadura del río Coatzacoalcos al puerto de Tehuantepec.                                                            

La inestabilidad de la Corona hizo que todo quedara en el olvido. En 1808  Alexander von Humboldt señaló la importancia de esta comunicación.                                                                                    Durante la Guerra de Independencia se efectuó otra agrimensura y se pensó en dos vías: una marítima desde el Golfo de México hasta el nacimiento del río Coatzacoalcos, para continuarla a través de un camino terrestre hacia el Océano Pacifico.                                    

En 1842 Antonio López de Santana otorgó una concesión a don José de Garay en la que se estipulaba el privilegio exclusivo de abrir la ruta de comunicación a través del istmo. Como los derechos de transporte y las ganancias provenientes del tránsito de hombres y mercancías durante cincuenta años y los terrenos baldíos de una franja de cien leguas de ancho a cada lado del camino a lo largo de la línea de comunicación.                                                                                   

Además el derecho a colonizarla.                                                                

Por medio de esta técnica y otras negociaciones usadas perversamente por los estadounidenses, estos se apoderaron de Texas, Nuevo México, Arizona y California.                                                       

En 1846 el entonces presidente James Polk le declaró la guerra a México y sus ejércitos invadieron nuestro país. A pesar de que se creó un armisticio en 1847, los estadounidenses demandaban a México los derechos de libre tránsito a través del Istmo para ciudadanos y mercancías del norte.                                                               
Al negarse México se reanudó la guerra y en 1848 acordaron que México cedería los territorios anteriormente mencionados y en vías de colonizacion que desde luego ellos propiciaron. Pagaron  quince millones de dólares y la anulación de las reclamaciones no pagadas. Continúa mañana.

craveloygalindo@gmail

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