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viernes, 11 de agosto de 2017

Economía y Política / Venezuela: nueva correlación de fuerzas

Miguel Ángel Ferrer

Durante casi veinte años, desde la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, la correlación de fuerzas entre la oligarquía y el chavismo sin duda ha sido favorable a éste. Con altas y bajas (más altas que bajas) el apoyo popular al chavismo se ha mantenido constante. Pero desde la muerte del comandante Chávez, la oligarquía (y Estados Unidos) comenzaron una nueva y feroz ofensiva en busca de invertir aquella correlación de fuerzas. Y dos años más tarde, en 2015, lograron ciertos avances en su enfrentamiento con el chavismo.

La extrema derecha y Estados Unidos conquistaron la mayoría en la Asamblea Nacional. Y con el poder que esto significa emprendieron el camino de la subversión en pos del derrocamiento perentorio -seis meses, decían- del gobierno de Nicolás Maduro.

Con esta idea en mente, reforzaron e intensificaron las acciones de violencia y francamente insurreccionales: guarimbas, asesinatos y terrorismo. En este programa insurreccional contaron con el apoyo del aparato mediático internacional que pintaba como héroes y libertarios a esa partida de asesinos y terroristas.

Y parecía que habían logrado poner al gobierno de Maduro contra las cuerdas. Y en eso, como podría haber dicho Carlos Puebla, llegó la convocatoria a la elección de una Asamblea Constituyente. Y con la victoria en las urnas y su inmediata puesta en funciones, aquella correlación de fuerzas volvió a ser, más favorable que nunca, al chavismo.

Pare empezar, debe tomarse en cuenta que la Asamblea Constituyente es un poder soberano al que se encuentran supeditados los cinco poderes vigentes en Venezuela: Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Ciudadano y Electoral. De modo que Maduro y todos los demás poderes están obligados a acatar las determinaciones de la Constituyente. Así, el chavismo tiene a su favor a todos los poderes del Estado. Incluso el de la Asamblea Nacional, porque ésta, aunque con mayoría opositora, no puede desacatar lo que establezca la Constituyente. Además, el chavismo cuenta con las fuerzas armadas, en las que no se ven visos (y hoy menos) de insubordinación y golpismo.

En la acera de enfrente, la derecha sólo cuenta con el apoyo mediático, financiero, logístico y subversivo de Estados Unidos y de los demás países imperialistas. Y no es que sea poca cosa, pero es notoriamente insuficiente para derrocar al chavismo. A menos, claro está, que Washington se decida a emprender la incierta aventura de una invasión militar directa. O indirecta, valiéndose del concurso del ejército de Colombia, de tropas mercenarias o de bandas paramilitares

De modo que la oligarquía y Estados Unidos se encuentran como al principio: sin apoyo popular, sin las fuerzas armadas, sin posibilidades de golpismo, con menos poder legislativo y político, plenos de divisiones internas, sin líderes honrados y bajo la errática dirección de una cúpula con bien probada fama de terroristas y asesinos.  Y a esto hay que agregar que sólo han conseguido el respaldo de un tercio de los países americanos en sus propósitos injerencistas e intervencionistas para dar cobertura “humanitaria” internacional a una invasión militar directa de Estados Unidos.

Vistas así las cosas, a la oligarquía sólo le queda un camino: intentar nuevamente el camino de las urnas. Sólo que, como bien se entiende, mientras ella se ha desgastado y desprestigiado, el chavismo ha quedado enormemente fortalecido. Y esta realidad no puede cambiarla el engaño y la manipulación mediática internacional.

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