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miércoles, 26 de julio de 2017

Nicolás Maduro, ¿un ejemplo para México?

Fernando Hernández Marquina

Por primera vez en mucho tiempo, en la radio a nivel nacional, escuché una mención positiva hacia el presidente venezolano, Nicolás Maduro. Fue el jueves pasado, en medio de una crisis en el país sudamericano que pronto alcanzará los 90 días continuos de protestas, entre abusos de la policía venezolana, muertos, heridos y detenciones arbitrarias. La defensa a esas atrocidades venía, además, de un mexicano, un hombre llamado Felipe de la Cruz que funge como vocero de los padres de los 43 normalistas desaparecidos.

A pregunta expresa del entrevistador, Luis Cárdenas en su programa de MVS, Felipe de la Cruz aseguró que admira a Nicolás Maduro y que le daría mucho gusto que el gobierno de México fuera como el de Venezuela. A medida que escuchaba la entrevista, lo expresado por Felipe me pareció sospechoso, arriesgado (como él mismo dijo) y hasta ingenuo:

- Sospechoso, porque se inscribe en el apoyo que reciben los padres de los normalistas desde Venezuela, por lo menos mediáticamente, tras las declaraciones de la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, y del mismo Nicolás Maduro, sobre el tema. Felipe comenta que han recibido apoyo por parte del gobierno venezolano, aunque no explica a qué se refiere con ello. Desafortunadamente, parece que ambas partes utilizan el tema de los estudiantes con meros fines políticos que no abonan a la investigación y reavivan el encono que nos quiere separar a los mexicanos.

- Arriesgado, porque se da en el marco de la reunión de la OEA en Cancún, donde lo países aliados de Venezuela no permitieron llegar a acuerdos para atender la crisis del vecino del sur. Mientras tanto, vidas humanas se siguen cobrando, el pueblo venezolano sufre el mayor desabasto de la canasta básica, medicinas y artículos de primera necesidad, y el gobierno endurece sus acciones para autolegitimarse a pesar de las condiciones en que está viviendo su gente.

- Ingenuo, porque Felipe de la Cruz no da sustento de sus dichos, sólo aprovecha su tiempo al aire para soltar comentarios esbozando un doble discurso. Sin ahondar, habla de la falta de Derechos Humanos en México, además de un conteo de miles de muertos contra la cifra pública de 74 fallecidos en Venezuela, sin embargo, no menciona que esa última cifra sólo pertenece a los decesos ocurridos durante las protestas contra el gobierno de Maduro, en un lapso de casi tres meses. Tampoco menciona que los venezolanos deben enfrentar las muertes por la delincuencia (al alza junto a la inflación, la más alta en el continente). Cada lunes, los periódicos hacen el conteo semanal de homicidios en los barrios bajos, ya sea por tiroteos o ataques de arma blanca, alcanzando cifras promedio de 40 o 50 muertos a la semana.

Esa represión que Felipe de la Cruz quiere señalar en México pero que ventajosamente evita nombrar en Venezuela va de la mano del gobierno de Maduro. La Guardia Nacional Bolivariana, bajo sus órdenes, ha sido uno de los actores principales en los enfrentamientos contra la oposición, dejando tras de sí 15 mil heridos y 3,200 detenidos en poco más de 80 días.

Después de todo esto, no podemos pensar que el sistema al que se refiere Felipe de la Cruz, la dictadura de Nicolás Maduro, es una mejor opción para México.

Algunos consideran que la revolución bolivariana vive en el socialismo de Venezuela, aunque la realidad no permita tener más fe en el sistema: en la práctica, ha alimentado actividades lamentables como las que respalda desde el gobierno el propio Maduro. Para muchos, el chavismo es ese faro en contra de las estructuras políticas y económicas consideradas fallidas en la actualidad. No obstante, el presente de los venezolanos no permite generar mayores esperanzas.

Y quizá el comentario de Felipe de la Cruz sea errado, pero sólo en parte. Nicolás Maduro sí es un ejemplo, pero de lo que NO queremos los mexicanos:

NO queremos un gobierno populista que, con la mentira de que busca ayudar al pueblo, se encumbra bajo la figura de un solo hombre, en el cual recae todo el poder.

NO queremos un presidente que vive en realidades alternas, y recibe grandes consejos de pajaritos o de palomas.

NO queremos un país que esté encerrado en sí mismo bajo el pretexto de huir del imperialismo, mientras el gobierno opera de la misma forma que tanto critica.

Debemos tener en cuenta todo esto de aquí a las próximas elecciones, porque cada vez es más evidente la estrecha relación entre personajes de la izquierda mexicana y Venezuela (recordemos los tuits de la Embajada venezolana agradeciendo el apoyo de Morena, el silencio cómplice de López Obrador y, ahora, las declaraciones del vocero de los padres de los 43). ¿Cuántos mexicanos más se van a pronunciar por normalizar la tragedia que ocurre en Venezuela? 

Mayor cuidado debemos tener porque, de aquí al 2018, no faltarán otras opiniones como las de Felipe de la Cruz que se presentan de manera engañosa, contradictoria y mal informada, para promover la división social, alabar a un dictador y apoyar a otro que quiere serlo. El mayor peligro es que tengan eco en más sectores de la sociedad.

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