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lunes, 3 de julio de 2017

La Cueva de la Hidra / Coaliciones y Proyecto

Margarita Jiménez Urraca

En  la búsqueda de ganar la Presidencia de la República, de vencer a López Obrador y de sacar al PRI de Los Pinos, se busca constituir un Frente Amplio Democrático (opositor), integrado por el PRD y el PAN, sabedores que solos no  pueden lograr el triunfo en 2018 en que también se eligen Diputados, Gobernadores, Alcaldes y más. Por otro lado, está la propuesta de gobiernos de coalición entre los primeros y segundos lugares del movimiento que encabeza Manlio Fabio Beltrones como apuesta alternativa. Lo cierto es que el mensaje que envían estos actores políticos es que ningún partido puede ir a las elecciones de 2018 sin aliarse.

Los partidos políticos están en crisis, expresión de los cambios que se vienen gestando en la sociedad y en la vida política del siglo XXI, en la que los hijos se van (las corrientes disidentes), llegan advenedizos con una cara desconocida que a la ciudadanía no le dice ni les representan nada, menos a las nuevas generaciones, quienes no están dispuestas a participar.

El voto duro de los partidos va a la baja. Si de los 90 millones de personas que podrían votar en 2018 en la elección presidencial lo hicieran en el mismo porcentaje que en 2012 (63.08 por ciento) serían 56 millones aproximadamente los que irán a las urnas. El voto duro del PRI estaría por el orden de los 10 millones de electores, a los que habría que sumarles los votos del Partido Verde y los de Nueva Alianza para contar con 14 millones más o menos. Asimismo, el voto duro promedio del PAN en los últimos 12 años que ha sido de alrededor de 8 millones no sube y el de la izquierda, es de aproximadamente 10 millones entre PRD, Morena, Movimiento Ciudadano y PT, siendo Morena mayoría. En suma existen 32 millones de votos duros entre todos los partidos, de una lista nominal de 90 millones de ciudadanos con credencial para votar. Es decir, 58 millones son los electores cambiantes o indecisos y los indiferentes o abstencionistas. Las estrategias de los partidos están orientadas a ellos, a quitarle a unos y a seducir a los nuevos y a los cambiantes. No hay más.

Estos son los números, pero surgen las preguntas inevitables: ¿El proyecto empieza y termina sacando al PRI de Los Pinos? ¿Dónde queda el programa que transforma, que atiende con la agenda de preocupaciones de la sociedad y sigue con la agenda del futuro que demanda no perder más tiempo y exige lo necesario para transitar sin sobresaltos el 2018?

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