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lunes, 10 de julio de 2017

Enfoque Global / La Cumbre del G20 de Hamburgo

José Luis Ortiz Santillán

El fin de semana se efectuó la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de los 20 (G20) en Hamburgo, Alemania.  Sin embargo, la insurrección de Corea del Norte parece haber secuestrado la agenda de la Cumbre de los principales líderes planeada y podría conducir a un a un enfrentamiento entre Beijing y Washington.

A penas en abril pasado el presidente Xi Jinping se entrevistó con el presidente Donald Trump en Florida, todos en el planeta esperaban que un acercamiento entre ambos líderes pudiera conducir a solucionar algunos de los problemas que enfrenta hoy la humanidad; no obstante, Corea del Norte y sus ensayos balísticos ha tensado las relaciones, empujando a China hacia Rusia aislada por los países occidentales desde la anexión de Crimea.

Al G20 pertenecen Argentina, Brasil y México por América Latina, junto con Australia, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, República de Corea, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea; pero si bien desde la crisis iniciada en 2008 las cumbres han servido para acordar medidas globales para ponerle fin, los problemas como la crisis migratoria, la guerra en Iraq y Siria, poco a poco han ido ganando en su agenda, ahora secuestrada por Corea del Norte.

Las pruebas nucleares y las últimas provocaciones de Pyongyang, materializadas en 4 de julio pasado con el lanzamiento de su primer misil balístico intercontinental, para festejar el día de la independencia de los Estados Unidos, no ha hecho sino hacer sonar las voces de alarma en La Casa Blanca que parece dispuesta a poner fin a la rebeldía de Corea del Norte.

Desde el jueves pasado Hamburgo se había convertido ya en una fortaleza, tras la paulatina llegada de los Jefes de Estado y de Gobierno que comenzaron los trabajos de esta nueva Cumbre del G20. Para granizar la seguridad, el gobierno alemán estableció en Hamburgo una zona de prohibición de manifestaciones de 38 kilómetros cuadrados, alrededor del centro de exposiciones, sede de la Cumbre del G20; donde 100 mil manifestantes han expresado su rechazo al G20 bajo el lema: “Bienvenido al infierno”.

Los mandatarios que asistieron a la Cumbre del G20 representaron el 64%, la cual costó más de 50 millones de euros. Para garantizar su seguridad, se movilizaron 15 mil policías, 4 mil agentes policiales, 3 mil vehículos, 62 caballos policías, 11 helicópteros, 153 perros policías y 200 expertos policiales en comunicaciones. Con ello se contuvo a los más de 100 mil manifestantes que expresaron su rechazo a la Cumbre en 27 manifestaciones programadas.

La Cumbre que se efectuó del 7 al 8 de julio, se preparó en la Cubre del Grupo de los 7 (G7) países más ricos del plantea, efectuada en Italia en mayo pasado, la que sirvió de marco para la primer gira internacional del presidente estadounidense, Donald Trump, y su primer encuentro con la alta sociedad planetaria, a la cual decepcionó por sus posiciones respecto al comercio y al calentamiento global, sacando una semana después a su país de los Acuerdo de Paris sobre el cambio climático.

Al margen de la agenda prevista para la Cumbre, las reuniones bilaterales marcaron la pauta de la Cumbre. Entre esas reuniones estuvo la del presidente Enrique Peña Nieto con el presidente Trump, que se diluyó ante la importancia de los encuentros del presidente de los Estados Unidos con sus homólogos de Rusia y China para tratar el tema de Corea del Norte y la guerra en Siria.

Los asesores del presidente de Estados Unidos, prepararon durante meses las reuniones bilaterales para este fin que pasó, donde finalmente el mandatario estadounidense se reunió con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante la Cumbre del G20. La reunión fue vital para poner orden no sólo en la guerra en Siria y en la lucha contra el Estado Islámico, sino para intentar controlar a Corea del Norte que parece estar decidida a desafiar al planeta entero.

La reunión fue sin duda, uno de los puntos culminantes de la Cumbre del G20. Probablemente, la reunión entre ambos mandatarios no sólo sirva para pacificar el Medio Oriente y meter en cintura a Corea del Norte, para lo cual necesitan de China, sino también para terminar con la tensión a la ambigüedad de las relaciones entre los dos países a raíz de la anexión de Crimea por parte de Rusia y las sanciones impuestas por los países occidentales al Kremlin.

Lejos de lo que se esperaba con la llegada del presidente Trump a La Casa Blanca, los Estados Unidos fortalecieron las sanciones contra Moscú por su papel en la crisis de Ucrania y lanzar un ataque de castigo contra el ejército sirio, que apoya Rusia, después de un presunto ataque del ejercito sirio a la población civil con armas químicas en abril pasado; por lo que las relaciones parecen más bien tensas hoy día, mientras China y Rusia estrechan sus lazos de colaboración.

Lo cierto es que son muchas las preocupaciones de Rusia las que estuvieron sobre la mesa, no sólo la guerra en Siria, sino el papel de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en las fronteras con Rusia y los sistemas de defensa anti misiles recientemente instalados en Corea del Norte, cuyos radares puede escanear amplias zonas de los territorios de China e incluso de Rusia.

El discurso del presidente Trump del jueves pasado en Polonia, fue  muy europeísta y defendió a la OTAN, la cual criticaba apenas hace unos meses atrás, pero se abstuvo de hablar sobre Rusia. Por lo pronto, los Estados Unidos expresaron su interés  en el trabajo con Rusia para establecer mecanismos conjuntos de trabajo en Siria, incluyendo las zonas de exclusión aérea.

Lo mejor que podría pasar ahora es que las grandes potencias lleguen a acuerdos para trabajar juntos por la paz y el progreso de la humanidad. Por supuesto, eso parece imposible de lograr, pero la crispación de las contradicciones y la falta de otras alternativas que no sea el enfrentamiento militar, puede hacer ahora posible llegara al entendimiento y al fin de los conflictos actuales; al menos que a las tres potencias les interese vender y probar nuevas armas en una nueva guerra en Corea.

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