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lunes, 24 de julio de 2017

Después de las elecciones

Fernando Hernández Marquina

El proceso electoral de este 4 de junio nos ayudó a conocer de forma más cercana cómo pensamos los mexicanos de cara a la elección presidencial del 2018. No fue una contienda fácil, a pesar de que sólo se eligieron a gobernadores en 3 estados y 212 alcaldes en Veracruz.

En este proceso post electoral vemos cómo los mexicanos apoyaron las diversas ideologías y manifestaciones representadas por los partidos políticos, dejando detrás muchas señales y enseñanzas para los propios partidos y para el sistema electoral.

En inicio, se calcula que en el Estado de México sólo participó el 51% del padrón, es decir, la mitad de los votantes no se presentó a las urnas. Como ciudadanos, estamos reprobados. En segundo término, ningún partido tuvo una victoria abrumadora sobre los otros. En la mayoría de los casos, los ganadores se llevaron sólo una tercera parte de los votos registrados. Si nos guiamos por la cifra presentada de la abstención, vemos que los partidos más votados tuvieron la aprobación de menos de 2 mexicanos por cada 10 inscritos en el padrón electoral.

Es comprensible la falta de interés en votaciones cuyo resultado no puede dejar contentos a millones de votantes por igual. Después de todo, la democracia abre las puertas a manifestaciones políticas muy diversas, y por ello el electorado puede elegir entre varias ideologías y propuestas políticas.

Con su voto, un porcentaje importante de la ciudadanía le quiso dar al PRI una oportunidad única frente a la oferta de una ideología populista que propone un proteccionismo total del Estado. Como economista con conocimiento de políticas públicas, creo firmemente que debemos reconocer que el Estado proteccionista y la ideología radical que lo promueve dividen a nuestra ciudadanía y amenazan a nuestra economía y al tejido social.

Todos los partidos ganadores tienen frente a sí un compromiso con sus votantes y, más importante, con toda la ciudadanía que no les dio su voto pero que también esperan y exigirán resultados. No hay lugar para fallo, y la vista de millones de mexicanos estará puesta en estas entidades para garantizar que se cumplan las promesas de campaña y existan respuestas tangibles y prontas a los problemas de cada comunidad.

Reconozco a todos los ciudadanos que salieron a las urnas a expresar su rechazo a los malos gobiernos pero, sobre todo, a ejercer su derecho y cumplir su responsabilidad democrática. La responsabilidad ahora está en manos de quienes deben cumplir con las demandas sociales, siempre de la mano de la ciudadanía, para ver resultados sustanciales en corto plazo.

No me gustaría cerrar este artículo sin insistir en que hay mucho por hacer: los futuros gobernadores y alcaldes deben analizar todas las acciones de gobierno que hay que mejorar para darle resultados a la ciudadanía. El tiempo es corto y los mexicanos queremos ver cambios tangibles. No es imposible: se puede empezar con pequeños cambios que, sumados, generarán grandes beneficios.

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