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lunes, 24 de julio de 2017

Comentario a Tiempo / Los imprevistos de un viaje

Teodoro Rentería Arróyave*

PUERTO KETCHICAN, ALASKA. Al fin hemos llegado a este estado que es uno de los 50 que conforman a Estados Unidos, después de un viaje en avión lleno de peripecias y de una travesía de 2 dos días por el imponente Océano Pacífico, desde la terraza del camarote vislumbramos un diminuto poblado de apenas una treintena de casas, sin embargo un gran movimiento de pequeñas embarcaciones ante el coloso en el que nos transportamos.

Antes de salir de México, una noticia daba vueltas por todo el globo terráqueo: por instrucciones del gobierno trumpista, los turistas y en general todo el que se internara por Estados Unidos procedente de nuestro país, de Colombia y España tenían que someterse a reglas muy rigurosas.

Llegamos al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Benito Juárez, con el prurito de tales nuevos reglamentos. El presidente español, Mariano Rajoy, como siempre tratando de exculpar a la administración de Donald Trump, declaró que sólo los viajeros procedentes de tres ciudades de su nación serían sometidas a estas humillaciones.

Pues es el caso, que nada hubo de nuevas medidas, todo transcurrió como siempre, en la aduana de embarque la revisión habitual con la obligación de sacar del maletín de mano tus aparatos cibernéticos y en el país de entrada, con el agregado de que tienes que quitarte los zapatos para que los inspeccione el aparatito radiográfico.

Sin embargo no faltan los imprevistos: del desembarco y después de cumplir con todo los requisitos aduaneros, de migración y transportarnos en el tren interno, nos encontramos con la sorpresa de que nuestro vuelo ya había sido cerrado, es decir, perdimos el avión.

Nos trasladamos al mostrador correspondiente de la aerolínea, con amabilidad la joven encargada, después de algunas preguntas nos dijo que no nos preocupáramos, que todo se iba a solucionar. Para nuestra sorpresa, es verano, ya no había espacio en ninguno de los vuelos del aeropuerto de Fort Worth de Dallas, Texas hacia Seattle, capital del estado de Washington.

Sin embargo, todo se arregló, con la filosofía simple de que todo esto es parte del viaje y que lo importante es disfrutarlo. En esas condiciones esperamos un par de horas y volamos a Denver, Colorado, cuatro horas más de espera, que aprovechamos para disfrutar los sagrados alimentos y las no menos benditas bebidas, llegamos a Seattle a la 22:00, el obligado descanso, porque el día siguiente se iniciaba el la travesía por el Pacífico.

Termino con algunos datos de lo que es este charco que nos divide o nos une: El Océano Pacífico es el mayor océano de la Tierra. Ocupa la tercera parte de su superficie y se extiende aproximadamente 15,000 kilómetros desde el mar de Bering limitando con el Ártico por el norte, hasta los márgenes congelados del mar de Ross y limitando por el sur con la Antártida. Alcanza su mayor anchura -del orden de 19 800 km-, aproximadamente a 5 grados de latitud norte, extendiéndose desde Indonesia hasta la costa de Colombia. Se entiende que el límite occidental del océano está en el estrecho de Malaca. ¿Que sigue? Adentrarnos en Alaska. CONTINUARÁ.

* Periodista y escritor; Presidente del Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE; Secretario de Desarrollo Social de la Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP; Presidente fundador y vitalicio honorario de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX, miembro del Consejo Consultivo permanente del Club Primera Plana y Académico de Número de la Academia Nacional de Historia y Geografía, ANHG. Agradeceré sus comentarios y críticas en teodoro@libertas.com.mx, teodororenteriaa@gmail.com Nos escuchamos en las frecuencias en toda la República de Libertas Radio. Le invitamos a visitar: www.felap.info, www.ciap-felap.org, www.fapermex.mx, y www.clubprimeraplana.com.mx

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