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jueves, 29 de junio de 2017

¡Ya basta!

Fernando Schütte Elguero

Un Estado fallido sólo se revierte con una demostración de la fuerza del propio Estado siempre y cuando ésta no resulte infructuosa.

En el mundo entero estamos hartos de la inseguridad pública; en México, de manera particular, la delincuencia nos ha rebasado, nos ha hecho víctimas a casi todos. Es raro que a alguien no le hayan robado por lo menos alguna vez, somos víctimas de décadas de una ignominia brutal por parte de gobiernos irresponsables que son incapaces de comprometerse con las causas y preocupaciones de la sociedad. La delincuencia ha permeado a tal punto que prácticamente ningún gobierno se libra de las infiltraciones, vivimos en un caos poco imaginado, la criminalidad aumenta, la impunidad es creciente y nuestra paciencia se agota.

Siempre me pensé como un demócrata y humanista; hoy creo que, sin dejar de serlo, prefiero la mano dura y que una vez por todas se termine con el fenómeno de inseguridad en el que vivimos.

A veces y cada vez más frecuentemente, me sorprendo a mí mismo pensando y deseando que en México exista un gobierno militar que nos ponga en orden y termine de una vez por todas, mediante la disciplina y la obediencia, con esta clase política corrupta y mal intencionada y con las malas prácticas de una sociedad hecha a la idea de que la ilegalidad forma parte de nuestra idiosincrasia.

Para generar una verdadera civilidad es necesario dar un fuerte golpe de timón, y no me digan que por mis términos estoy destapando al Secretario de Marina. México necesita acabar con los nefastos políticos, los malos policías y con los inacabados ciudadanos, y aunque no me refiero a mandarlos al paredón (tampoco soy tan bestia), o tal vez sí, me queda claro que lo que tenemos como modelo de gobierno, ciudadanía y modelos de prevención, no funcionan.

Año tras año (aunque no creo en lo que asevero) prefiero pensar que los gobiernos intentan acabar con la delincuencia, pero me parece que pasado el tiempo eligen el provecho propio antes que el sentido común o el bienestar social y sí, el sarcasmo o la ironía tienen un espacio propio en lo anteriormente señalado, pero es claro que las buenas intenciones y la corrupción antagonizan la arena pública plagada de buenas intenciones y proyectos increíbles donde en actitud de superhéroes, las figuras gubernamentales se desdibujan a cada promesa.

De verdad, ¿usted cree que en el corto plazo la delincuencia se terminará con una mejor educación y con igualdad social? Yo francamente no lo creo así y si de verdad queremos acabar con la delincuencia, tendremos que ser capaces de pensar claramente; por supuesto, hablar así, en consecuencia, nos lleva a una disyuntiva, o pedimos mano dura con todo y lo que esto puede generar, o bien, seguimos haciéndonos tontas ilusiones de que académicos y críticos desde su pensar, y políticos desde su limitada imaginación, puedanconvencer a la delincuencia para que se regenere.

Si el Secretario de la Defensa tomara las riendas del país, estoy seguro de que las cosas por lo menos mejorarían. Estamos inmersos en un "club" de desconfianzas mutuas, donde la certeza inhibe al desengaño, donde la desesperanza no teje mejores relaciones sociales entre las personas, y donde la retórica sigue el incumplido deber de los hipócritas de transformar la realidad.

Cuando hablamos de formación yo pienso a la mexicana donde el albur prevalece, esto es: formados y al paredón los traidores a la Patria, tanto políticos como delincuentes, que son casi lo mismo; formados con una mejor educación que nos permita un más alto desarrollo cultural y económico; formados y por la derecha, como me decía mi abuelo, para ser un mejor ejemplo paro los mexicanos que están por venir.

@fschutte

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