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viernes, 9 de junio de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Décima Cuarta Parte)

En nuestra entrega anterior nos referíamos a la “razón de estado” como justificación de las decisiones del gobernante, desde las más atroces de que da cuenta la historia, hasta las más brillantes. A partir de la Edad Media los gobernantes  racionalizaron la idea de la razón de estado para fundamentar las decisiones que aparentemente eran contrarias al interés general o que tenían la consecuencia de agredir a un estado extranjero.

Después se adornó con los lirios de justicia y libertad, estableciéndolas como las columnas que hay que cruzar para encontrar la iluminación y la paz verdadera.

Durante la “gran guerra” los hombres estaban ciertos que se encontraban inmersos en la última de las conflagraciones humanas, era la guerra que terminaría con todas las guerras.

Al término de la “segunda guerra mundial” dicen que Einstein con su ironía habitual dijo por ahí, que si había una tercera guerra, la cuarta sería a palos y piedras, es decir que la humanidad terminaría por destruirse.

Hitler, esa encarnación del demonio, sólo pudo ser vencido porque se enfrentó a tres disfuncionales ególatras, dispuestos a morirse y sacrificar a todo un pueblo antes que rendirse. Churchill, un alcohólico que  anestesiaba su sentido común con una botella ya para el mediodía; Roosevelt,  inválido por la polio, resentido con la vida, que se curaba con cocaína sus malestares que eran muchos y cuyo sentido mesiánico le hacía estar dispuesto al sacrificio de su pueblo y, por último, esa joyita que era Stalin, duro y frío como el acero cuyos crímenes si bien no se comparaban con los de Hitler, algunos los hubiera podido suscribir el maligno Adolfo.

El caso es que sí Hitler se hubiese enfrentado a tres líderes razonables y con conductas dentro de la normalidad humana, la segunda guerra habría terminado en una serie de convenciones y acuerdos, de hecho durante toda la guerra, en los países aliados, hubo fuertes presiones para buscar un acuerdo con Alemania.

A parte por supuesto,  el tema de Tojo y de Hirohito que por ahí se las jugaban al nivel de los otros.



El problema de la razón de estado, es que en manos de psicópatas mesiánicos se convierte en el alimento del dictador y no lo digo por mal.

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