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martes, 13 de junio de 2017

A contracorriente

Fernando Schütte
 Elguero


Pues resulta que he entendido que me gusta ir a contracorriente. Cada vez que hay oportunidad de debatir sobre un tema controversial suelo ponerme del lado menos elogioso o por lo menos popular. Me sucede con las corridas de toros, en las cuales desde muy niño he encontrado esa mezcla rara de arte estético y plástico, así como las tradiciones más bellas y rescatables  de mi memoria; me gusta discutir con quienes no saben sino de sentimentalismos, y que no entienden que de no ser por la fiesta brava, los toros de lidia ya no existirían.
 Lo mismo me sucede con la cacería, en donde me reencuentro con mis orígenes genéticos y sé que al mismo tiempo coadyuvo con la preservación de las especies, me disgusta que no se rescaten más ríos y que estos sigan entubados disque para el beneficio colectivo habiendo creado avenidas que hoy podrían ser canales de navegación.

Siempre he pensado que la justicia social debiera empezar por practicarse con los que están más cerca de nosotros y que los gobiernos deberían, sin recurrir al populismo, ser mucho más responsables socialmente y dar un trato más igualitario.

Me considero un liberal, pero no soporto el libre mercado cuando este aplasta a los que menos tienen. Soy de los que no creen que la gente tenga lo que se merece, ni tratándose de gobiernos, ni de sus economías ni de salud. Prefiero siempre tratar de discutir de política o de religión, para ver si alguien logra convencerme con un punto de vista distinto al mío.

Me disgusta ir de compras, y no soporto que las grandes cadenas comerciales estén acabando con la tiendita de la esquina que era muchas veces el soporte de muchas familias. No me gusta la comida light, prefiero por mucho los guisos que degusté, y lo sigo haciendo, de la comida de verdad. No pido leche deslactosada, ni como productos orgánicos porque estén de moda.

Aunque vivo solo creo que el matrimonio tiene valores extraordinarios y que los divorcios cada vez son mejor vistos porque el mercado se hace más grande, como un producto del marketing que rige las conciencias en lugar de procurar hacer de las familias los centros donde se dan mejores personas, bueno casi siempre.

Me cuesta trabajo vivir en el úsese y tírese o en favor de la tecnología que tiene un grado de obsolescencia atroz, cuando si compro un teléfono o una computadora ya sé que existen versiones mejores que no saldrán al mercado hasta que se agote la versión obsoleta (esto debería estar prohibido).
Sigo disfrutando del olor que emana de un buen libro y me gustan más los libros reales que las bibliotecas virtuales. Prefiero la sofisticación en las maneras que en las cosas, me gusta la sencillez en las personas y no la complejidad telenovelesca que nos ha sido impuesta en nuestra cotidianidad, como un modelo de vida a seguir.

Soy de los que cree que la inseguridad pública se acabará mediante una mejor educación y mejores oportunidades de empleo, y no con atacar el mero fenómeno. También discrepo del modelo de vivienda que tenemos, que además de ser inhumanamente pequeño, hace que la gente viva en las periferias como si fueran guetos, atentando así en contra de la productividad cuando hay gente que tiene que pasar horas en el transporte para llegar a sus trabajos y mermando la economía de las familias.

Me gustan los albures, pero no la mala educación. No estoy de acuerdo con la liberación femenina, pero tampoco con el machismo. Me gusta tratar a las mujeres como se les trataba a las damas sin dejar de entender que somos igual de capaces hombres y mujeres; vaya me gusta ser un caballero aunque no siempre lo logro con las actitudes machistas que también se dan en las mujeres.

Cuando veo a un niño no siento ternura, sino más bien preocupación no sólo de que empiece a berrear, sino de su futuro en este mundo en donde hemos tergiversado los valores y los hemos vuelto tan desechables como la mayoría de cosas que consumimos. Que les espera a esas criaturas en un mundo en donde se privilegia el menor esfuerzo? Donde el que no transa no avanza?

Muchas veces prefiero la soledad a las reuniones sociales en dónde se va a ver y ser visto, qué les veo? Qué me ven? Qué me importa saber quién es quién?

Dedico más tiempo a tratar de saber quién soy yo y no lo he logrado; descubro en ello un reto que puede hacerme una mejor persona, aunque siga sin ver los deportes. En particular odio el fútbol.
Me gusta la crítica, la recibo casi siempre de buen grado y lo he hecho siempre con un compromiso con aquello en lo que creo.

Vivir a contracorriente no siempre es fácil. Me resulta mucho más bello que ser parte de un rebaño que muchas veces es guiado por lobos.

Cómo disfruto de una buena charla con quien logra tener un pensamiento propio, lo más fuera posible de los estereotipos.

¡Ah! Y me disgusta tener que comunicarme por correo electrónico...
 schutte@terra.com.mx

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