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jueves, 18 de mayo de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Décima segunda parte)

Según las crónicas tomadas de la magnífica edición de “Sepan Cuantos…”, publicada por Porrúa y a la que tanto debe la sociedad mexicana, porque puso a su alcance los clásicos de la literatura a un precio más que accesible. Decíamos que según las crónicas en 1599, se representaba en el “Teatro del Globo” en Londres la tragedia de Julio César, escrita y dirigida por William Shakespeare, sí es que Shakespeare  la escribió, pero lo seguro es que sí la dirigía y producía, con un enorme éxito.

La tragedia de Julio César muestra la preservación de la libertad de un pueblo a través del magnicidio perpetrado por sus élites, al ver que aquel a quien han encumbrado se convertirá en un tirano.

El diálogo de Casio y Casca, en el que se convencen de la necesidad de acabar con el que será un tirano sigue siendo una de las joyas de la literatura política olvidada por los más:

CASIO.- Entonces, ya sé dónde he de usar este puñal. Casio libertará de la esclavitud a Casio. Por ello ¡oh dioses! tornáis a los débiles en los más fuertes; y por ello  ¡oh dioses! vencéis a los tiranos. Ni las torres de  piedra, ni los muros  de bronce forjado, ni la prisión subterránea, ni los fuertes anillos de hierro, pueden reprimir las fuerzas del alma; porque la vida cansada de estas barreras del mundo, jamás pierde el poder de libertarse a sí misma. Y pues sé esto, sepa además todo el mundo, que de la parte de tiranía que sufro me puedo sustraer cuando quiera.

CASCA.-También lo puedo yo. Cada siervo lleva en su propia mano el poder  de acabar su servidumbre.

CASIO.- Y entonces ¿por qué habría de ser un tirano César? ¡Pobre hombre! Bien sé que no querría ser él un lobo si no viera que los romanos son ovejas; ni sería león sino fueran los romanos ciervos. Los que quieren encender un gran fuego, principian por algunas débiles pajas. ¿Qué hez es Roma, qué desecho, qué escombro, cuando sirve de materia y base para iluminar una cosa tan vil como César? Mas ¡Oh dolor!  ¿adónde me has llevado? Tal vez hablo esto ante un cautivo voluntario, y entonces ya sé cuál tiene que ser mi respuesta; pero estoy armado y no me importan los peligros.

CASCA.-Habláis a Casca, a un hombre que no es un decidor de chascarrillos. Tomad mi mano. Alzad el grito porque se remedien todos estos males y no habrá quién dé un paso más adelante que yo.

CASIO.- Pues queda convenido. Sabed ahora, Casca, que he movido a ciertos de los más dignos y generosos romanos a acometer conmigo una importante empresa llena de honroso peligro. Y sé que ahora me aguardan en el pórtico de Pompeyo, porque en tan terrible noche como ésta no hay movimiento ni paseo en las calles; y nos favorece que la condición de los elementos sea, como la obra que tenemos en mano, la más sangrienta, fiera y terrible.”

Casio ha entendido que una vez tomado el poder por el tirano, este nunca lo depondrá por otros medios que no sean los de la acción extrema.

El tirano siempre llega con un ropaje de oveja, la más de las veces por medios legítimos y luego una vez que se asientan en el poder, esos medios que lo llevaron al mando los desconocerá.

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