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miércoles, 3 de mayo de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Décima Parte)

Después de un receso obligado por algunas circunstancias personales, regresamos a nuestras colaboraciones gracias a la gentileza de nuestro Director y gran periodista, Don Gustavo Rentería y  de “Libertas”.

En el recuento de la invasión de los Estados Unidos de América a nuestro país de 1846 al 47, un tema particular es el costo que tuvo para el pueblo del vecino país la invasión injustificada y lesiva, según aprecio de un gran sector de la opinión pública y del círculo político del presidente Polk.

Según estimaciones de la época la invasión que tuvo como pretexto obtener una indemnización pueril, terminó costando más de 100 millones de dólares de la época, (130 millones según algunos cálculos).

Hay que recordar que hemos tomado como texto base de ésta saga la obra contemporánea a la invasión del 47,  “Revista de las Causas y Consecuencias de la Guerra Mexicana”, de William Jay, quien realiza un duro juicio moral:

“En la vida civil, el intento mismo de obligar a un deudor a que pague de costas veinte veces más que el monto de su deuda insoluta, se consideraría una extorsión escandalosa. Hasta qué punto la determinación de un gobierno poderoso de exigir el pago de una cuenta semejante a un país débil y exhausto, mediante la matanza y la devastación, se aparta de ser un crimen por obra de su carácter nacional, resulta una cuestión embarazosa únicamente para aquellos que han acabado por creer que los estadistas y los políticos viven dentro de la jurisdicción de una moral tan peculiar como relajada. La idea de que se debe a México una reparación por la inicua invasión de que se le hizo objeto, por la destrucción de sus ciudades, el saqueo de sus provincias, la matanza de miles y miles de sus habitantes, ha sido expuesta únicamente para que se le señalara como antipatriótica, si no es que como una actitud de traición a la patria”.

Llama a sorpresa, pero debemos situarnos en la época, que se consideraba entonces que el territorio arrebatado a México valía mucho menos que el costo de la conflagración.

“Seguramente Mr. Polk se habrá negado a ofrecer 50.000,000.00 de dólares por esa misma tierra que ha comprado a tan alto precio de sangre y de dinero. Es imposible resistir al convencimiento de que, por medio de una negociación honrada, hubiéramos podido hacernos dueños de estos territorios sin cometer ningún crimen, sin una matanza humana y a un costo mucho menor en dinero que la suma que hemos pagado.

Esta enorme cantidad que hemos dado a cambio de gloria y territorio, no agregará ni un solo centavo al capital productivo del país, ni habrá proporcionado una sola comodidad nueva, una sola ventaja tangible a su población”.

Es innegable que Polk y su camarilla tenían una visión estratégica a largo plazo de  mayor profundidad que la de Jay y quienes compartían su punto de vista.

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