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viernes, 12 de mayo de 2017

Mirando a Fondo / En muertos, México después de Siria

Víctor González Avelar

ENTRADA.- Cuánto tiempo aguantará la estabilidad del entramado social de este país. Cuánto tiempo falta para que nuestra convivencia social y pacifica se mantenga vigente.

Este país en que vivimos se ha convertido nuevamente en un torbellino de violencia, criminalidad e impunidad.

No hace ni cuatro días que, en las violentas ciudades de Reynosa en Tamaulipas, el crimen organizado se dio el lujo de retar a las autoridades a sus tres nivele de gobierno, cuando una turba de delincuentes quemaron vehículos oficiales, incendiaron comercios y cerraron con fuego bulevares y avenidas, todo ello como protesta por la detención de uno de los cabecillas de los carteles en pugna.

SOPA.- En otra región del país, en el estado de Puebla, hombres armados utilizaron a niños y mujeres como escudos humanos y abrieron fuego contra  patrullas policiacas y del ejército mexicano que investigaba el robo de combustible. Con motivo de este hecho murieron seis delincuentes (que no civiles armados como los quiere llamar eufemísticamente la prensa) y cuatro miembros del ejército nacional. La Secretaría de la Defensa Nacional dijo que los agresores ocultos detrás de un grupo de mujeres y niños mataron a dos soldados e hirieron a un tercero en el choque inicial. Posteriormente el gobierno federal envió 1000 elementos más a la zona y estos fueron enfrentados nuevamente  por los ladrones de combustible mediante armas de alto poder y el huso de vehículos blindados.

PLATO FUERTE.- La pudrición social a que han egado estos  delincuentes, es que el jueves pasado  los  habitantes del poblado de Palmarito instalaron  barricadas a manera de ¡protesta¡ por la intervención del ejército y exigieron la liberación de una decena de delincuentes detenidos en los enfrentamientos.
El ejército encuentra cada vez mayor resistencia civil a sus patrullajes en la lucha contra el tráfico de drogas y el robo de combustible. En meses recientes mujeres y niños intentaron impedir el paso de los soldados a los cultivos de amapola en el estado de Oaxaca en el sur del   país.

En marzo pasado, tres detectives del estado fueron secuestrados y asesinados por una banda de robo de combustible conocida como “Los Bucanan”. La mayor parte de los policías locales y el alcalde de la localidad poblana de Atzizintla fueron arrestados por presuntamente detectar a los agentes y ayudar a entregarlos al grupo delictivo. El gobernador de Puebla, Antonio Gali, dijo que la presencia de los delincuentes está “envenenando” a familias completas y a los niños.

En una redada efectuada días después por 500 policías y soldados, fueron detenidos 87 sospechosos al tiempo que se incautaron 16 fusiles, granadas de mano y 4.600 balas.

“Ante este hecho, el personal militar decidió no responder la agresión, en virtud de que las mujeres y los menores fueron empleados como escudo por los agresores”, indicó la dependencia. El ejército solicitó refuerzos y fueron enviados unos 1.000 soldados y policías.
Horas más tarde, hombres armados volvieron a atacar a la patrulla con autos blindados y fusiles de alto poder, lo que dejó otros dos soldados muertos y nueve heridos. Tres de los agresores murieron en el enfrentamiento, en el que utilizaron cinco vehículos, tres de ellos blindados, detalló el ejército.

Los indignados residentes (¡los ladrones de combustible¡) de Palmarito, instalaron barricadas el jueves a manera de protesta por la intervención del ejército, y exigieron la liberación de algunos de la decena de habitantes detenidos durante  los enfrentamientos.

POSTRE.- Nos faltaría agregar a todos estos actos públicos delictivos  la información que nos da la Comisión  Nacional de Derechos Humanos consistente en que arriba de México solamente nos supera Siria  en lo que a violencia y muertes se refiere, y debajo de nosotros en tercero y cuarto lugar están Irak y Afganistán.

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