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lunes, 29 de mayo de 2017

Domingo de elecciones cerradas: EPN tiene que soltar la sucesión 2018

José Luis Camacho Acevedo
@jlca007
 
Los resultados de las 4 elecciones que se celebrarán el próximo domingo 4 de junio presagian una modificación por demás radical de la correlación de fuerzas políticas en el país.

Sin duda el gran factor modificante lo representa la presencia de MORENA ya como partido político con registro.

La organización de la que es líder formal y moral, así como virtual candidato presidencial para el 2018, Andrés Manuel López Obrador le ha quitado al PRI sus grandes reservas electorales que eran las entidades del Estado de México y Veracruz.

Gane quien gane en el Estado de México, Delfina Gómez o Alfredo el Mazo, las victorias históricas del PRI en elecciones para gobernador, cuando menos en los comicios del domingo que viene, ya no se repetirán.

Emilio Chuayffet derrotó al PAN con una diferencia del 65% de los votos (un millón 393 247).

Arturo Montiel ganó a José Luis Durán con apenas el 7% de los votos. (225 511)

Pero el PRI con Enrique Peña Nieto como candidato volvió a dar a su partido una ventaja muy significativa: el 23% arriba de la coalición PAN-Convergencia. (864 915.

Y Eruviel Ávila superó todos los registros anteriores y barrió a la coalición PRD-PT-Convergencia con unas impresionantes cifras: 41% adelante. (Un millón 997 731 de diferencia)

En esta ocasión la competencia presenta escenarios diferentes.

El PRI y su presidente de la república cargan con dos asignaturas irresueltas la corrupción y la inseguridad, que la sociedad no les perdona, ya sea porque cometieron pecado de omisión, o peor, que pecaron de comisión.

Alfredo del Mazo es parte del círculo cercano del presidente, familiar en grado lejano, pero familiar al fin, y el efecto contaminador de la corrupción y la inseguridad que se vive en la entidad, le pega directo a su imagen ante un electorado irritado.

Si por primera vez la izquierda en el Estado de México superó en el 2011 el millón de votos, hoy Morena, AMLO y Delfina Gómez se presentan como la opción de cambio más confiable y pueden llevarse cerca del 33% del padrón más importante del país. Es decir casi 4 millones de votos.

Esa cifra, ganando o perdiendo, le quita al PRI más de UN MILLÖN Y MEDIO de votos en relación a su última votación.

O sea que para las presidenciales, teniendo MORENA más del 30% en Veracruz, la CDMX y el PAN barriendo al PRI en Guanajuato, Puebla, Tamaulipas y Nuevo León, el tricolor tendría que buscar una recuperación en las entidades mencionadas y mantener sus ya muy pequeños reductos como Hidalgo, Sonora, Sinaloa y Tlaxcala para estar en la contienda 2018 luchando por no caer a un tercer lugar, como ocurrió cuando su candidato fue el inefable maratonista Roberto Madrazo.

Soltar la sucesión para Peña significa prescindir de su círculo cercano como posibles candidatos presidenciales toda vez que estarían en la misma, o tal vez en una peor, tesitura de rechazo que hoy enfrenta Alfredo del Mazo en la entidad de la que es nativo el primer mandatario.

O sea que se eliminarían en automático Luis Videgaray (que al parecer ya leyó bien el escenario 2018 y declaró que su militancia ya la tiene bien guardada), Miguel Ángel Osorio Chong, quien representa al priísmo más antidemocrático, duro y que suele negociar en lo oscuro; José Antonio Meade, que nadie sabe bien se es coche o camioneta, ya que viene del calderonismo y nace en el peñismo de la mano de su compañero de ideas Luis Videgaray.

Si Peña Nieto no quiere correr el riesgo que está viviendo en el Estado de México con Alfredo del Mazo, le queda solamente recurrir a tres opciones.

a)    La del corte sexagenarios, tan desacreditas por Donald Trump, y que su única carta sería José Narro Robles.

b)      La del corte Macron de Francia, y que, toda proporción guardada, tendría como jugadores a Aurelio Nuño, Enrique de la Madrid o Mikel Arriola.

c)    Los externos encabezados por Manlio Fabio Beltrones y en la pudieran inscribirse Emilio Gamboa y la también yucateca Ivonne Ortega Pacheco.

Nayarit está perdido.

Coahuila tiene una sobrecarga de desprestigio con los despropósitos de la familia Moreira.

Y Veracruz se repartirá sus ayuntamientos entre MORENA y el PAN dejando al PRI en un lastimoso cuarto lugar convertido de plano en un partido rural en esa entidad.

En fin, poco tendremos que vivir para saber si Peña Nieto suelta a su delfín de manera casi inmediata a su inminente XXII Asamblea Nacional y si cambia la dirigencia nacional del PRI si se consuma el desastre.

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