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lunes, 8 de mayo de 2017

Cañazos / Buena fe y confianza hundieron a Flavino

Arturo Bárcena Bazán

Nos referiremos el pasado cinco de mayo, aniversario del triunfo del Ejército Mexicano  sobre el Ejército francés en la ciudad de Puebla, con el mensaje que le envió  el general Ignacio Zaragoza al entonces Presidente Benito Juárez, “ las tropas mexicanas se han cubierto de gloria”. En esa batalla a Zaragoza lo acompañaron entre otros el general Porfirio Díaz, y el batallón de Zacapoaxtla, un pueblo indígena del estado. Nos referiremos a Flavino Ríos Alvarado, de Minatitlán, Veracruz.

Flavino Ríos Alvarado, a quien se le revocó la   prisión domiciliaria a que estaba sujeto por orden del juez, quien le autorizó mediante fianza de cinco millones de pesos ahora la prisión de la capital de estado de Veracruz. No podrá abandonar Xalapa y llevará su proceso, digamos en libertad, por los delitos de abuso de autoridad, encubrimiento y tráfico de influencias. No se le acusa de peculado, ni de ratero y es que su buena fe y confianza  lo perdieron.

Flavino , distinguido notario de su natal Minatitlán, incursionó en el PRI, siendo delegado en el estado de Morelos a principios de este siglo. Su espíritu conciliador lo llevó a amalgamar al PRI moerlense. Lo  recuerdo durante una comida que ofreció un reconocido periodista, apartidista, amigo de Flavino allá en su casa de Lomas de Cocoyoc. El periodista invitó y logró reunir en una comida a la mayor parte de priistas que estaban enfrentados en aquel estado. Era una comida en honor del nuevo delegado, de Flavino. Ahí, recuerdo, se reunieron los tres aspirantes a la gubernatura de Morelos: David Jiménez González, Rodolfo Becerril Strafon, hoy presidente del PRI estatal y Juan Salgado Brito, quien finalmente fue el candidato. Eran las nueve de la noche y Flavino conversaba en la terraza de esa casa con los tres aspirantes.  A la acomida asistieron entre otros Vinicio Limón, líder de la CTM; Maricela Sánchez, hoy delegada del tricolor en Oaxaca; Guillermo del Valle, actualmente delegado del ISSSSTE en la entidad, el ex gobernador Antonio Riva Palacio, y varios priistas de primer orden, entre ellos algunos presidentes municipales, como Neftalí Tajonar, de Cuautla, también notario como el entonces delegado. Ríos Alvarado concilió al PRI de Morelos y regresó a Veracruz, con una aspiración: ser gobernador de su estado.

Nunca fue  candidato, se le veía más como notario público que como activista político.  Fidel Herrera siempre lo obstaculizó. Sin embargo, fue diputado local y cuando Javier Duarte le ofreció la Secretaría de Educación del estado aceptó el cargo y posteriormente la Secretaría de Gobierno. Al renunciar Javier Duarte, Flavino fue designado gobernador interino por los dos meses que faltaban en la gestión del ahora detenido en Guatemala, Javier Duarte.

El espíritu bonachón de Flavino Ríos Alvarado y seguramente su buena fe fueron aprovechadas por Duarte para sorprenderlo y pedirle le autorizara la utilización del helicóptero del estado. Flavino cayó, autorizó a Duarte el uso del helicóptero solicitado y éste, lejos de viajar al puerto de Veracruz, aprovechó la oportunidad para darse a la fuga.

Flavino había logrado su sueño: ser gobernador de su estado, aunque fuera por dos meses. Pero su buena fe y confianza lo perderían y  serían la causa de los momentos difíciles por los que ahora atraviesa.

Los delitos que se le imputan no son graves y es de esperarse que una vez que sea extraditado Javier Duarte en sus declaraciones señale que se  aprovechó de Ríos Alvarado, a quien nunca informó de sus planes de huida.

Flavino permaneció pocos días en la prisión de Pacho Viejo, en Perote, pues tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica del corazón, de ese corazón que traicionó Javier Duarte

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