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martes, 18 de abril de 2017

Nostalgia del Porvenir / Una emergencia preventiva

Fernando Amerlinck

Donald nos odia. ¿Por qué? No importa: nada lo hará cambiar. Lo único útil —hoy y siempre— es mirar adelante y respetar profundamente los hechos. Con ese buey tenemos que arar pero en nuestra tierra, con nuestra gente y nuestra decisión de qué cultivar en ella.

Pobrecitos si nos dejamos dañar por un peleonero gringo que ni omnipotente es. Pero no hay enemigo pequeño, y nos puede dañar seriamente. Ejemplo: oleadas de inmigrantes requerirán empleo y los criminales estarán felices de contratarlos, si no lo hace antes la sociedad legal.

Conviene actuar con solidez, audacia e inteligencia. Rediseñar políticas públicas, especialmente en economía, con un denominador común: dejar trabajar conforme al 11° Mandamiento: No estorbarás.

Trump nos da la oportunidad de ser proactivos y mirar adelante. La experiencia de otros países servirá para no inventar el agua tibia. La derrotada Alemania hizo a partir de 1948 lo contrario de la vencedora Inglaterra; suprimió el racionamiento años antes que ella, y pronto la superó. Se puso de pie en pocos meses, tan sólo dejando trabajar a su pueblo sin cortapisas a la actividad económica, y con una severa baja de impuestos. Más recientemente han hecho eso los gigantes asiáticos con que competimos en el mundo.

No veo una acción gubernamental rotunda para aprovechar la gran oportunidad de Trump, quien promete quitar regulaciones gubernamentales y bajar fuertemente los impuestos. ¿Por qué no darle su mismo chocolate?

No estamos mancos. Podemos hacer una especie de declaración preventiva de emergencia económica, con cosas a nuestro alcance. La primera es sencillísima.

·      Establecer un sistema monetario paralelo al peso mexicano basado en la onza troy Libertad de plata (ya es moneda, art. 2˚ bis de la Ley Monetaria), como instrumento de ahorro y certidumbre de valor, con un valor en pesos que pueda subir pero nunca bajar. declarado periódicamente por el Banco de México. Eso nos dará, de un día al otro, el mejor sistema monetario del mundo, sin suprimir la moneda fiduciaria actual.

Casi todo lo siguiente es antimitológico y antidemagógico, pero indispensable para competir con los que no atan las manos a la gente productiva ni estorban al empleo:

·      Bajar impuestos: ISR al 30%, decretar su reducción 2% anual y subir fuertemente la tarifa mínima al impuesto por el trabajo. Eso mejorará la recaudación, como en todo el mundo ha ocurrido siempre.

·      Simplificar radicalísimamente los trámites fiscales.

·      Suprimir todo impuesto al ahorro y sobre nóminas.

·      Aplicar iva generalizadamente.

·      Declarar como garantía constitucional la libertad de entrada a cualquier mercado.

·      Suprimir de cuajo todo permiso que dé discrecionalidad a un burócrata, y todas las regulaciones gubernamentales a la economía (salvo por protección a la salud, al medio ambiente, la seguridad pública y la seguridad nacional).

·      Garantía universal e inequívoca al derecho a la propiedad privada, e invertirla y transmitirla sin trabas entre particulares y empresas.

·      Prohibición de interferir en el derecho individual a la actividad económica, salvo emergencia equiparable a la suspensión de las garantías constitucionales.

·      Suprimir implacablemente leyes y reglamentos que asfixian y expolian al ciudadano honrado y amparan a los bribones.

Si no hacemos nada, o si esperamos que el gobierno haga todo sin abrir espacios a la economía productiva y al empleo, podrá venir un holocausto humanitario cuando los inmigrantes deportados y los que no se han ido, quieran fugarse de un país que no los atiende hoy ni los atendió en el pasado. Será evitable si tomamos la iniciativa histórica y convertimos un problemón en oportunidad de enriquecimiento. Por eso hablo de declarar preventivamente una emergencia.

Los legisladores de todos los partidos (¡uf!) tendrían que sacudirse tótems ideológicos y económicos, figurones y bestias sagradas que nunca han construido un peso en la economía real. Se han tragado demasiadas teorías bienintencionadas sin aprender que el éxito económico donde lo ha habido, para beneficio de los pobres, se da en libertad y donde la ley protege a todos su derecho a trabajar y a poseer completo el fruto de su trabajo.

El progreso productivo no proviene del gigantismo y el poder concentrado, sino de la democracia económica. Una ley que la garantice no será la excrecencia untuosa, contradictoria y metiche de la legislación actual. Por una vez México, ante este predicamento, tiene que ser un país serio.

Además, nuestros peores riesgos están adentro. El más eficaz “extraño enemigo” es mexicano. Somos autosuficientes en gobernantes, candidatos y políticos nefastos de todo color, ideología y partido. Aquí un solo presidente puede hacer mal duradero. Echeverría inició las crisis sexenales, las heredó a sexenios enteros y el daño aún no termina (ejemplo: la deuda del Fobaproa sigue costando intereses; capital pagado: cero).

Las medidas económicas emergentes que propicien el trabajo sin estorbos tendrán un efecto multiplicador inmediato. Subirá el prestigio del gobierno y se reducirá la tentación, en el 2018, por un cambio que no abrirá nuestro futuro. De no hacer nada, tendremos un buen rato para divertirnos con un redentor de “izquierda” en versión tabasqueña de aquel que dictó “Las finanzas nacionales se manejan desde Los Pinos”.

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