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miércoles, 5 de abril de 2017

Nostalgia del Porvenir / Cinco crepúsculos simultáneos y cinco llamas

Fernando Amerlinck

Valle Sagrado, provincia de Cusco - El camino a este notabilísimo lugar es un deleite para los ojos cuando desaparecen las nubes y dejan ver, además de fértiles barrancas y llanos perfectamente cultivados, la Cordillera Urubamba. Parte de los Andes, nada menos, con sus grandes picos que recuerdan al Monte Blanco y a Chamonix. Se ven gloriosos los glaciares del Chicón (5,500 m) y el más alto, La Verónica (5,900 m). Hay 10 picos que rebasan los 5,000 m de altura, y unos 90 glaciares.

Pero no es eso lo más impresionante que vimos, sino una confusión de atardeceres. Los juegos de nubes eran tales, que por una parte se veía ponerse el disco del sol pero en un lugar completamente distinto del firmamento se veía otro atardecer, luminoso como el original. Y en otra, otro. Total, en los 360˚ llegamos a ver cinco crepúsculos simultáneos, con la fortuna de que estábamos llegando a un punto alto de la carretera, una especie de mirador donde vendían recuerdos de tela típica y un grupo de niños gritaba ¡chicha! ¡whisky! ¡chicha! ¡whisky! para que salieran bonitas y con gente sonriente las fotografías que, por unos cuantos soles, pedían para retratarse con cinco llamas y alpacas.

Esa oferta no se podía rechazar. En ese punto alto del camino, por 3 o 4 soles (cada sol vale poco menos de 6 pesos) nos podíamos retratar con niños agradabilísimos y unas llamas y alpacas, con el fulgor no de un atardecer sino de 5 crepúsculos que iluminaban por todas partes el firmamento con un tono rojizo y bellísimos planos de sombras.

Nunca había tocado una llama o una alpaca, y menos examinado en vivo su pelo finísimo. Y allí estaban, con niños vestidos ricamente con trajes regionales que portaban con orgullo (luego veríamos cómo los fabrican).

Es increíble que haya en América cuadrúpedos que son primos del camello y el dromedario. ¿Cómo llegaron acá llamas, alpacas, vicuñas y guanacos? ¿Por qué portento de la evolución se distinguieron tantísimo estos animales pequeñitos de los mucho mayores que son usuales en India, medio oriente y el norte de África? ¿Y por qué no los hay en el hemisferio norte de América?

Los creacionistas de Kentucky (y el 42% de los cultísimos gringos) despachan todo diciendo que la creación es obra divina hecha literalmente en los 6 días de que habla el Génesis. A Dios simplemente se le pegó la gana de crear camellos y dromedarios en un lado, y llamas en el otro.

Como creo que las cosas son un poco menos facilotas, consulto con reverencia a la Madre Wikipedia y resulta que los camélidos se originaron ¡en el centro de Estados Unidos! hace unos 35 millones de años, y luego, por cuestiones climáticas o humanas, desaparecieron de allí; los descendientes de aquellos se fueron por derivas evolutivas completamente distintas a continentes lejanísimos. Seguramente, como ocurrió con los caballos en América antes de 1492, las muy ecologistas tribus prehispánicas de Norteamérica se comieron a los camélidos que había por allí.

El caso es que la llama y la alpaca son fuente de las más finas fibras que se producen en el Perú, con bufandas que son un verdadero deleite al tacto; comparables con el cashmere, proveniente originalmente de unas cabras de Cachemira, India. Más fina fibra aún, carísima, es la de vicuña; pero ésta y el guanaco no son domesticables. Pero las llamas y alpacas son magníficos animales de compañía, que las niñas cargan desde bebés para retratarse ante los viajeros por las calles de Cusco y por estos parajes del Valle Sagrado.

Ya palideciendo los cinco crepúsculos y oscureciéndose el firmamento, llegamos a Maras, lugar que no sabía que pudiera existir: una salina que recoge en cajas agua saladísima proveniente del subsuelo, y que desde tiempos preincaicos dejan secarse al sol, esperando a que deje de llover para cosechar sal (así dicen, cosechar; el tiempo de la cosecha es por agosto y septiembre). Esa unidad productiva subsiste desde tiempos preincaicos.

El agua salada que viene del subsuelo, según dicen, es bastante más salina que la de mar. No sé qué tanto ésta que brota de la tierra a comparación de la del Mar Muerto, donde la gente flota y lo difícil es sumergirse. El caso es que esta sal tiene propiedades curativas, ideal como antiinflamatorio y para componer la artritis. Eso la sal en las capas más bajas de los cajones, inapta para consumo humano porque trae otros minerales, beneficiosos para un baño. En la capa más arriba viene la sal gruesa, de color rosado (me recordó a la sal del Himalaya, disponible en tiendas gourmet), buena para la parrilla y para cocinar; y luego la sal más fina, conveniente para la mesa. Se supone que es mucho mejor para la salud porque es baja en cloruro de sodio, no contiene yodo y sí otros minerales (calcio, magnesio, hierro, zinc). En las tiendas la ofrecen añadida con páprika, ajo, comino y otras delicias. Uno de los secretos de la calidad de la comida peruana, es su intensivo uso de la sal de Maras.

El encontrar un sitio arqueológico que resulta ser una unidad productiva en funcionamiento, es insólito. Y tal es el valor histórico y antropológico de esta salinera, que han prohibido ponerle techos o aditamentos tipo invernadero para hacer más eficiente el secado de la sal. Francamente estoy de acuerdo. No sé si sea único en el mundo este lugar pero si no lo es, debería de serlo…

El periplo por el Valle Sagrado se acabó, ya pardeando, en Chinchero, pueblo que alberga una iglesia sencilla, cuadrada, de las más antiguas del Perú, con una muy alta cruz; edificada sobre una plataforma incaica donde practicaban su religión los prehispánicos. Ese basamento antiguo está construido (lo adivinaste) con piedras-rompecabezas grandes, poligonales, no cementadas, sólidamente machimbradas.

Tuvimos en Chinchero la oportunidad de conocer un taller donde trabajan en telares de mano la fibra de llamas y alpacas, que luego de cortar lavan con un derivado de alguna cactácea que al parecer es muy difícil de conseguir. Según dicen, esa especie de shampoo vegetal hace que los hombres de Conchero no estén calvos ni tengan canas. ¿Será? No sé pero sí vi cómo el sucio pelo de una llama recién trasquilada queda blanquísimo en cuestión de segundos. Y colorean los tejidos con cochinilla (animalito blanco cuya sangre es rojísima) y otros colorantes naturales.

Lástima de los diseños de las prendas, que dejan mucho que desear, pero las bufandas, estolas y pashminas que se venden en las grandes tiendas del Perú son una verdadera gozada de color y suavidad.

En Chinchero murió Túpac Yupanqui, hijo del gran Pachacútec. Envenenado por una de sus esposas, nada menos. Y es que ella tenía sus propios objetivos políticos para su hijo Cápac Huari pero se decidió aquél por Huayna Cápac, hijo de otra esposa. Vaya complicaciones a las que conduce tener varias esposas… ¿ no es suficiente con una sola? El caso es que fue Huayna Cápac el antepenúltimo Inca, antes de Huáscar y finalmente de su hermano, un correlato del antihéroe Moctezuma: el antihéroe Atahualpa. Pero eso vendría hasta el siglo siguiente.

Hay en el buen museo arqueológico Rafael Larco, en Lima, un cuadro espléndido que muestra retratos de los emperadores del Perú, comenzando con Mancu Cápac, Inca 1˚, y termina con “Carlos Quarto, que hoy felizm. Reyna Emperador 25 del Perú”. Aparece en un recuadro “Pacha Cutic Ynca 9”, luego sus sucesores; Atahualpa el 14˚ e inmediatamente “Carlos Quinto, El Máximo Emperador 15 del Perú”. Un solo lienzo cubre la historia imperial del Perú hasta principios del siglo XIX, con emperadores americanos y peninsulares.

No sé si en estas líneas haya dejado claro que el Valle Sagrado bañado por el río Urubamba, flanqueado por altísimas montañas y por la Cordillera, y poblado de lugares únicos, ha sido una de las experiencias memorables en la vida de este viajero aficionado a conocer lugares distintos de este hermosísimo planeta. Falta el regreso a Lima, con la que probablemente he sido injusto …

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