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miércoles, 12 de abril de 2017

La Cueva de la Hidra / Sin Norte

“Un hombre muere en mí 
siempre que un hombre muere 
en cualquier parte, asesinado”:
Jaime Torres Bodet

Margarita Jiménez Urraca

Un periódico menos es una derrota para la civilización. El periódico Norte de Ciudad Juárez se dejó de publicar por no haber condiciones para el ejercicio periodístico. Con el asesinato de Miroslava Breach Velducea, como la de muchos otros en aquél diario y aquella entidad, como en Veracruz, Oaxaca, Tamaulipas, Baja California, Colima y en otras regiones del país, las muertes de los periodistas se han vuelto una expresión de quienes tienen el control de la vida pública, de la calle y de la palabra, que nos deja inermes, expuestos, sin rumbo, sin Norte, sin periodistas, sin reporteros, violentados. Nos va invadiendo el miedo y la desesperanza.

Es lamentable que el periódico Norte de Ciudad Juárez haya anunciado el domingo 2 de abril que ya no publicará su  versión impresa, sólo la digital; sin embargo, el peligro sigue latente para los periodistas que colaboran en esta edición o en otros medios, sean impresos, de la red o electrónicos, la cuestión es quien se ha planteado acabar con el oficio porque representa una piedra en el zapato para “los malos”.
Este estado de cosas atenta contra el periodismo serio, digno, profesional, oficio necesario en toda sociedad civilizada: informar, denunciar, analizar, dar cuenta, con base en los hechos, crea puentes entre lectores y espectadores, entre televidentes, radioescuchas o cibernautas con los actores de las noticias, los hace visibles en un mundo de indiferencia.

Hoy en día ejercer el oficio y denunciar los temas que más preocupan a la sociedad, como la seguridad, el narcotráfico, el crimen organizado, la política y el actuar de los grupos de interés cobran las vidas de no pocos reporteros, fotógrafos, comentaristas, columnistas, como es el caso de Miroslava, corresponsal de La Jornada y periodista de Norte de Ciudad Juárez o la lucha del semanario Zeta en Tijuana que hoy dirige Adela Navarro, o los muchos periodistas asesinados a lo largo del territorio nacional que en 2016 sumaron 11, de acuerdo a lo que consigna Reporteros sin Fronteras.

Asesinar al que denuncia, mata no sólo al ser humano y al mensajero que de manera valiente siguen casos que lastiman a la sociedad, también acaba con la posibilidad que la libre expresión, como valor de la democracia, incluya a todas las opiniones, se respete la pluralidad y avance la civilización.

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