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lunes, 24 de abril de 2017

La Cueva de la Hidra / La edad de la inocencia

Margarita Jiménez Urraca

"Los hombres son como los vinos, 
la edad agria los malos y mejora los buenos":
Marco Tulio Cicerón

Hay una edad para todo, para estudiar, para enamorarse, para aventurarse, para divertirse, para conquistar, para hacer familia, para emprender, para madurar, para la prudencia y, en algunos, para la sabiduría, pero ¿cuál es la edad para gobernar? ¿Cuál es el momento de la vida para ser gobernante, hacerlo bien y con pulcritud republicana? ¿Cuál es esa etapa en que los apetitos humanos no dominan a las personas y los políticos pueden actuar a la altura de su responsabilidad, sometiéndose al deber adquirido y dominando las pasiones propias del poder? No sé, sin embargo, la juventud de muchos, su formación y un sistema que ha dejado de funcionar los ha llevado a actuar sólo al servicio del poder y de sus intereses, que según se advierte, son desmesurados, adolescentes y no propios de la madurez y la sensatez deseable.

Cada uno de los gobernadores aprehendidos recientemente por diversos delitos y los que están en la lista, quizá hubieran sido mejores gobernantes con más años al asumir su encargo. Habrá otros que nada más no tienen remedio a ninguna edad. Lo que se advierte es que la madurez emocional no necesariamente se alcanza con los años pero por alguna razón se recuerda bien a gobernantes que después de tener cincuenta años se desempeñaron de una manera más prudente y responsable. El político joven debiera formarse al lado de éstos y, supuestamente, aprender lo mejor de ellos -sería deseable-.

Sobre el poder se ha escrito mucho, desde los griegos hasta el presente, sobre la edad que debieran tener los gobernantes, incluso, como en el caso de México se ha legislado e inscrito en nuestra Constitución Política, lo cierto es que el momento culminante de la voracidad del ser humano es, sin duda, la juventud y los primeros años de la llamada madurez y que los que son esclavos de ello, terminan siendo presos de su tiempo, lo que no excluye necesariamente a los viejos, a cuyas frustraciones dan salida de manera similar, pero menos frecuentemente y, por supuesto, por menos tiempo.

En uno y en otro casos, el poder exalta lo mejor y lo peor de quienes lo ejercen, de ello dan cuenta los hechos que están pintando de opacidad al país, a pesar del andamiaje institucional y el esquema de pesos y contrapesos del sistema político.

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