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miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Novena Parte)

Decíamos en nuestra entrega anterior, que hay similitudes entre el discurso de Polk, el presidente invasor en 1846-1847, y el discurso de Donald Trump. No sé si los asesores de Trump estudiaron  a Polk y su época ó si  se trata de una mera coincidencia.

Trump como Polk se quejó amargamente del riesgo que representaba México para los Estados Unidos:

“México ha traspasado la línea divisoria de los Estados Unidos, ha invadido nuestro territorio; ha derramado sangre americana en suelo americano y ha proclamado que las hostilidades se han roto y que las dos naciones se hallan en guerra”

Actualizado este discurso burdo sobre los mismos ejes de Trump.

- México ha invadido los Estados Unidos con migrantes que perturban su paz.
- México ha perjudicado a los Estados Unidos aprovechándose del tratado de Libre Comercio.
- México es una fuente de gente mala.

¡Pobre Estados Unidos de América, México es una amenaza hay que combatir!

¡Increíble! pues el cuento de Polk se lo tragaron los congresistas gringos y gran parte de la población civil, tal como ahora se han comido a cucharadas el cuento de que México es una amenaza para los gringos, según vemos en los ejes discursivos de Trump.

Pero México era una amenaza para los Estados Unidos de América; escribió al respecto William Jay:

“¿Cuál era esa potencia que se había atrevido a invadir los Estados Unidos y con sus asaltos había puesto nuestra gran confederación en peligro inminente, hasta el punto de que el Congreso de los Estados Unidos considerara necesario autorizar el empleo de 50,000 soldados además del ejército regular, con tanto prisa que ni siquiera tuvieron tiempo los reclutas para leer los despachos en que se anunciaba la invasión?

La República de México llevaba mucho tiempo de ser presa de caudillejos militares, que en su lucha por el poder y sus perpetuas revoluciones, habían agotado los recursos del país. Sin dinero, sin crédito, sin una sola fragata, sin comercio, desunidos, con una población débil, de siete u ocho millones de habitantes, compuesta principalmente de indios y de mestizos esparcidos en inmensos territorios y en su mayor parte hundidos en la ignorancia y en la ociosidad, claro está que México no podía considerarse como un enemigo formidable de los Estados Unidos. No podían las fuerzas mexicanas llegar a nuestro territorio por mar, y para atacarnos por tierra sus ejércitos se hubieran visto obligados a cruzar un desierto enorme de 200 millas de ancho antes de llegar al Río Nueces, límite del Estado de Texas. El pueblo de esa provincia rebelada había sostenido por algunos años su independencia a pesar de los esfuerzos de México y no cabe duda que las milicias texanas estaban perfectamente capacitadas para rechazar a cualquier ejército que ese país pudiera mandar a su territorio. No había en los Estados Unidos una mujer a quien quitara el sueño el temor de la pretendida invasión del país por los mexicanos. Ningún soldado de México había pisado tierra que fuese propiedad de ciudadanos americanos; ni un solo tiro se había disparado dentro de una zona de cientos de millas en torno a un hogar americano.

Así que el pánico aparente  que movió al Congreso de los Estados Unidos a aprobar el reclutamiento de 50, 000 hombres para un ejército adicional de defensa, no era real, sino fingido. Como hemos visto ya, no se iniciaba la guerra para obtener indemnización por nuestras reclamaciones, para vengar agravios, sino que, según la declaración oficial del Congreso, para nuestra defensa”.

Donald Trump está infundiendo la idea en el colectivo estadunidense de que México es una amenaza latente para la seguridad nacional. No podemos pensar que ésta actitud de Trump no tiene intenciones que son altamente perjudiciales para el futuro de nuestro País.

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