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miércoles, 15 de marzo de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Décima Parte)

Un extraño acontecimiento en la historia de México, ocurrido en relación con la invasión yanky de 1846-47, parece haber quedado en el olvido y normalmente se recupero por algunos historiadores a nivel de rumor o tergiversando los hechos.

Tiene el asunto que ver con un personaje claroscuro, Antonio López de Santa Anna, quien en aquel entonces se encontraba exiliado en la Habana, seguramente la perla de Cuba le recordaría al General su añorado puerto de Veracruz.

Sin embargo William Jay, sorprendentemente recupera totalmente el episodio que debió ser conocido en las altas esferas gringas.

Algún escritor nacional al contar el episodio lo hace tildando de traidor a Santa Anna, pero para regocijo de Jay, Santa Anna, no sólo no traicionó a México, sino que burló al ojo azul y frio del sajón, vayamos al texto de William Jay:

            “Poco antes de que se rompieran las hostilidades, un oficial de la marina de los Estados Unidos fue despachado a esa ciudad. El objeto de su misión no se ha dado a conocer oficialmente, pero se afirmó en los periódicos y se tuvo por cierto en todas partes, que era entrevistar al general mexicano. Un escuadrón naval, en previsión de la guerra, había permanecido anclado frente a Veracruz,  y el mismo día en que se declaró la guerra, se enviaron órdenes “privadas y confidenciales” al comandante, de que no impidiera el retorno de Santa Anna a México. 

             El distinguido exiliado, según se sabía muy bien, estaba resentido por varios agravios, y sin duda se tuvo por sentado, y quizá hasta se escribió también, que siendo deudor a  Mr. Polk por la oportunidad de ejercer venganza, fomentaría una insurrección en su país; haría arder las llamas de la guerra civil, recobraría su poder anterior y lo ejercería firmando con los Estados Unidos un tratado de paz en que cediera California”.

El plan de Polk era que Santa Anna para vengarse de quienes lo habían enviado al exilio fomentara una revolución, recobrara el poder y firmara un tratado de paz con los Estados Unidos donde cedería California.

Y Santa Anna hizo exactamente eso, solo que… Santa Anna no sólo no se puso al servicio del yanky, sino que los combatió y los hubiera derrotado en toda línea, sino hubiese  contado con un pésimo y viejo armamento, pólvora de mala calidad  y sobre todo, la traición de quienes lo hostigaron por la retaguardia. Solo 9 de los 21 Estados apoyaron con armas y recursos al gobierno federal, el resto se sentó a ver la caída de Santa Anna y suministraron recursos para hostigar al ejército mexicano.

Seguimos siendo los mismos…

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