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lunes, 13 de marzo de 2017

Cañazos / Hartazgo de clase política

Arturo Bárcena Bazán

Cada día que pasa, cada mes que transcurre, cada trienio de diputados federales o sexenio de senadores o gobernadores van constituyendo el hartazgo de la ciudadanía  hacia la clase política, incluyendo a los partidos políticos, así como de los líderes de los principales sindicatos que hay en el país, líderes que amamantaron bien el ejemplo de Fidel Velázquez, de perpetuarse en el poder y vivir ellos y sus parientes en forma ostentosa. Todos, sin excepción, envían a sus hijos a estudiar al extranjero, ya sea desde primaria o cuando se trata de maestría o doctorados, no digamos en viajes de placer.

Mientras que los políticos se dan la gran vida, no son capaces de legislar por un salario más acorde con la actualidad del país, un salario que beneficie a la clase trabajadora.

No, hay dos cosas que preocupan a los 628 miembros del Congreso de la Unión. Primero, que su salario y beneficios no se rebajen durante su ejercicio. Segundo. Proteger a esa clase política, no legislando por la reducción de miembros del Congreso de la Unión, pues de reducirse el número ellos podrían estar en peligro de perder sus canonjías al dejar el cargo. De todos es conocido que los diputados y senadores están inmersos en un carrusel; en un periodo están en el Senado y al dejar éste pasan a formar parte de la Cámara de Diputados, si no es que antes se postulan para la gubernatura de su estado y si la pierden… pues regresan a su curul, como ha acontecido desde siempre.

Los mexicanos cada día están más hartos de este proceder de políticos, protegidos por el partido al que pertenecen. Los legisladores sirven para salvaguardar los intereses de sus correligionarios. Reciben muchas propuestas, iniciativas, pero por lo regular las depositan en la charola donde están los documentos que se olvidan con el tiempo.

En México, desde hace más de cien años, los que mandan son los cacicazgos, los grupos de poder ancestrales. Pareciera que en más de 120 millones de mexicanos no existen ciudadanos capaces para  hacerse cargo de la política del país.

Hablar de grupos, de gobernadores que heredan su cargo a sus hijos, ya sea inmediatamente o al paso de los años, hijos que siguen los pasos del padre, de perpetuarse en el poder, ya sea como diputados o  gobernadores, reparto de puestos entre tíos, primos, es lo más usual en México.

La ciudadanía, cansada de ver como unas cuantas familias se reparten el poder, está en un momento histórico para hacer valer su voto en contra de esta corrupción y mostrar su apoyo a una nueva generación de funcionarios, de legisladores, de ciudadanos, que han estado alejados de la clase política. Este es el caso de los candidatos independientes; un sector aún incipiente porque muchos independientes tienen pasado político. El peligro es que se nos echen a perder al tener poder.

En este mundo de podredumbre política sobresale la figura honesta, institucional, al servicio de México, del “Diamante Negro”, Jesús Silva Herzog, recientemente fallecido y quien fue el primer director del Infonavit, institución que ha brindado hogar a millones de mexicanos y cuyos cimientos fueron puestos por don Jesús, por Gonzalo Armienta Calderón y Barros Nock, a iniciativa del Presidente Luis Echeverría Álvarez.

Su figura adquiere mayor importancia en estos tiempos del Presidente Donald Trump, al recordar que fue él quien recurrió en 1982, siendo  secretario de Hacienda, al gobierno de los Estados Unidos para gestionar un crédito y sacar a México de la crisis financiera por la que atravesaba el país.

La clase política, los miembros del Congreso de la Unión, son tan pusilánimes que aún no sacan adelante la Ley de Reforma al Campo, la Ley de Seguridad Interior, vamos, no pueden siquiera nombrar al fiscal anticorrupción pero eso sí, tengan ustedes la seguridad que ya hay algunos diputados federales o senadores que se están apuntando para ser candidatos, en 2018, a la gubernatura del estado que representan…y si no al tiempo.

Facebook:  Barcena Bazan
Twitter: @abarcebab

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