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martes, 21 de febrero de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Séptima Parte)

Stephen Miller, asesor principal de Donald Trump en  diversas entrevistas ante los medios de comunicación estadunidenses, muestra una actitud intolerante que sorprende y deja estupefactos a los propios comentaristas de las cadenas de televisión del vecino país. Parece por momentos que estamos viendo la versión moderna del constructor de la imagen de Hitler, Joseph Goebbels. Bueno casi, porque Goebbels podía ser amable en ocasiones.

Este tipo de presidentes al estilo de Trump, pocas veces han llegado al poder en la Unión Americana.

Uno de estos fue James Knox Polk, quien ordenó la invasión a México de 1846 a 1847 y que murió por cierto, dos años después de que dejara el cargo de la presidencia en 1849. Lo sucedió Zacarias Taylor, el general que condujo hasta nuestro Palacio Nacional al ejército invasor y que con todo, era menos agresivo en sus conceptos hacia nuestro país.

Trump es del calibre del que fue Polk, dispuesto a invadir o agredir a cualquier país que se le ocurra que es necesario para satisfacer su distorsión psíquica (y el más cercano es México),  pasando por encima de su Congreso y de su Constitución, esto es lo grave del asunto.

Polk fue cuestionado duramente por los congresistas estadunidenses acerca de la legitimidad de la invasión, lo cual lo lleva a determinar una pronta y precipitada, hasta cierto punto, retirada del ejército de Taylor del territorio nacional mexicano, después de la firma de los tratados de Guadalupe Hidalgo, mediante los cuales México reconocía la pérdida de poco más de la mitad de su territorio nacional.

Habíamos denunciado en este espacio las intenciones de Trump y sus secuaces de provocar un escenario de inestabilidad en México, que les permita “legitimar” la presencia en nuestro territorio de su ejército y quedarse por lo menos con la Baja California, bajo la figura del protectorado, por motivos de seguridad y protección a los residentes estadunidenses que ahí habitan, que no son pocos por cierto.

Pero la inestabilidad de Trump, su tendencia a la intolerancia y sus problemas personales de índole psiquiátrico obran en defensa de México. El abanico de adversarios y conflictos que ha desarrollado en su primer mes de mandato es tan amplio que pronto lo mantendrán tan ocupado que su odio hacia los mexicanos será cíclico y pasará a un segundo plano, eso esperamos.

Por lo pronto, el “círculo rojo” estadunidense se encuentra estupefacto ante esta especie de presidente que eligieron y no dan crédito a su despotismo e intolerancia que van en contra de la tradición política y constitucional que generalmente campea entre la clase gobernante de nuestros vecinos allende el Río Bravo. Contra lo que se esperaba, Trump no ha sido controlado por los contrapesos del sistema político y es capaz, como ya lo está demostrando, de tomar decisiones por encima de la ley.

Citando a los analistas de cadena NBC, esto ésta peor de lo imaginábamos.

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