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viernes, 17 de febrero de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Sexta Parte)

Seguimos con la sexta  entrega de la saga, ¿Por qué no manda México? Tal vez esta pregunta la hemos olvidado y  asumido en consecuencia, que el sitio de México,  es el de una nación sojuzgada por el Imperio, pobre, sumida en la corrupción y destinada a ser el eterno perdedor.

Pero esto no es así, no hay destinos manifiestos ni preestablecidos, ni para los hombres ni para las naciones; todo se construye y es el resultado del trabajo del arquitecto a cargo y de sus operarios.

Pero además de alguna manera los estadunidenses nos han hecho creer que México tiene  como destino ser el vecino pobre y arruinado que se encuentra a expensas del rico del vecindario.

Lo peor es que una gran parte de la población tiene esta derrota mental dentro de su código  y sólo hay unos pocos que se rebelan a ésta pretensión de los vecinos y saben que su supuesta superioridad no está más que en su propio imaginario colectivo.

De hecho casi todos los que hemos tenido la posibilidad de interactuar con los gringos, nunca hemos encontrado tal superioridad, sino antes bien hemos percibido una estructura mental, habilidad e intuición mucho menor  que la nuestra, hasta el grado de concluir que la mayoría son para nosotros “medio mensos”, dicho sea con  todo respeto.

Hemos encontrado eso sí, tipos disciplinados, organizados, básicamente honestos, ventajosos cuando pueden,  que nunca se vencen ante la adversidad;  muy optimistas y jamás fatalistas (a diferencia de nosotros).

Los imperios nunca son invencibles  ni eternos y la relación  México-Estados Unidos, en términos históricos apenas inicia, tiene poco más de 100 años, un suspiro en la historia.

La cuestión es que tenemos que revertir el estado de las cosas. Tenemos que trabajar como nación, con el ánimo  y la convicción, de convertir a México en una nación de importancia mundial, capaz de influir en el ámbito internacional y de enfrentar a sus vecinos del norte en un plano de igualdad.

Ese debe ser nuestro objetivo como nación y debemos empezar ahora para recuperar el papel que nunca debimos perder dentro de la sociedad internacional.

El proyecto de México como nación debe ser el de convertirse en 20 años en una potencia mundial. Esto traerá necesariamente como consecuencias justicia y riqueza para todos los mexicanos, en lugar de perder el tiempo con generalidades tales como obtener justicia y un mayor bienestar.  Pues tales anhelos no son fines en sí mismos, sino consecuencias de algo superior y eso no es otra cosa que el recuperar nuestra posición como potencia mundial.

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