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lunes, 13 de febrero de 2017

Nostalgia del Porvenir / El diablo se le aparece al demonio

Fernando Amerlinck

Donald Trump tuvo una espantosa pesadilla en su primera noche en la Casa Blanca. No, no por que no pudiera meter a esa residencia a una big piece of ass como las que recibía a diario en su Trump Tower. No fue tan leve el íncubo. Lo horrendo es que soñó que era mexicano.

¡Él, el grandioso y único Donald, naciendo al sur del “Río Grande”! El tremor empapó su pijama y hubo de correr de emergencia al vomitorio más cercano para expeler fluidos corporales por sus meatos superior e inferior. ¡Pobre hombre! Pasar su primera noche como presidente de “America” de esa forma…

En fin: negociante y político siempre, buscó a los grandes de su pelaje. Como ya había comido con el negociante Carlos Slim y le pareció delicioso (él, no la comida) se limitó a los dos grandes políticos de México: al dueño del poder legal (Peña) y al que gobierna vía redes sociales: López Obrador.

Se quedó impresionado con la capacidad de suicidio de sus “compatriotas”:

“Mí creer que Peña Nieto leer The art of the Deal para el Pacto por México y negociar con rivales para sacar reformas mucho necesarias pero mí no comprender cómo ser posible que tras ese gran triunfo el presidente lograr unificar al país en su contra.”

También le costó trabajo entender el argüende del antigasolinazo, habituado a precios cambiando a diario en EU. Pero se fue dando cuenta de cómo opera López Obrador.

@realDonaldTrump sabe mucho de redes: tomó el poder antes de tomar el poder; devaluó el peso y obligó a industrias a no invertir en México. De redes sabe también nuestro experto tropical. Con #Yosoy132 conjuntó masas de enojados por el triunfo de Peña y en 2014 anónimamente formó en redes una masa crítica que culpó a Peña de asesinar (perdón, “desapaecer”) a 43 de Ayotzinapa. Y “espontáneos” saqueos por la gasolina en Edomex, donde habrá elecciones. Maravillas del Twitter y las redes de rumores vía telefonitos inteligentes en manos de masas poco inteligentes.

Así entendió el mexicano Trump el secreto para arruinar a “su” patria, durante una horrenda noche de sueños diabólicos. México tiene vocación suicida; el peor enemigo del mexicano es otro mexicano, peor tantito si es político. Y no hay mejores que los mexicanos cuando de arruinar al otro se trata, aun a precio de arruinarse a sí mismos: el ruinoso arruinador deja a su patria en ruinas con tal de ver arruinarse al enemigo.

“No ser lógico que un país tan rico ser tan pobre, mí no comprender. México ser inexplicable. Mexicanos ser incomprensibles. Amar tanto a caudillos que producen catástrofes. Así pasar con Santa Anna, pasar con Cárdenas, pasar con López Obrador. Oh, how wonderful! Los mexicanos no necesitar extranjeros para ser derrotados. ¡Facilitarme el trabajo! Mejor yo dejar mexicanos autosuicidarse. ¡Elegir a López Obrador de presidente ser como elegir a Donald Trump, ho ho ho!”

Se divertía Trump al ver cómo podía cargarse así a un vecino que se había hecho un rival importante, una potencia industrial. Le pareció excesivo hasta el famoso muro, porque bajando impuestos y regulaciones fomentará como nunca el empleo y necesitará mano de obra en su campo y en chambas que ni los negros quieren hacer. Eso hundirá una competencia mexicana que es cada vez más competente.

“Yo mejor dejar trabajar a mexicanos ilegales pero no cambiar retórica. Dejar México empobrecerse y expulsar obreros y dejar sus maquiladoras aquí pero controlarlas yo con amenazas proteccionistas and make America great again con apoyo mexicano.

“Los mexicanos gozar de autosuficiencia en gobernantes nefastos y políticos destroyers en todo siglo o color o ideología o partido. Yo aprovechar como siempre que guerritas entre ellos beneficiar a United States, así ocurrir desde independencia a guerras robando territorio y obviamente la revolución antiporfirista y la expropiación petrolera contra ingleses y holandeses, y gobiernos populistas endeudados con los gringos y entregándoles bancos industrias y empresas, todo contribuir to make America great. Yo tener para divertirme un buen rato. Ellos sufrir por tener cerca Estados Unidos. Yo afianzar sus miedos y propiciar que ellos culparme de sus desmadres.”

Lo vio claro: con políticos orgullosamente mexicanos y su capacidad sin par de destruir y provocar caos, discordia, desmanes y saqueos, movilizar masas armadas y hasta aliarse con criminales, él no hacía falta para echar a perder a México.

Así soñaba Trump pero lo que de plano lo despertó y le provocó un gran coraje y peor chorrillo (más aún que soñarse mexicano por un rato) fue eso de ser prescindible: “¡Ou, nou, no poder ser, yo con más poder que Luis XIV, contra México ser vulgar tigre de papel!” Y corrió al excusado.

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