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lunes, 27 de febrero de 2017

La vida como es… / Imperios

Octavio Raziel

El mundo amaneció el pasado 20 de enero con un discurso que nos remitió a la promesa de los mil años del mundo ario; la recuperación de una potencia que en ocasiones pareciera había perdido el rumbo. Sin embargo, siempre, no es siempre para siempre.

Faltan 983 años para que termine el presente milenio. Aparentemente es largo el camino por recorrer, pero en circunstancia histórica es tiempo que pasará más rápido de lo que pensamos. Seguro tendrán que definirse las nuevas fronteras de la economía y el poder mundial.

La historia de la humanidad ha sido de guerras, de luchas por el poder y por la creación de imperios que pretendían ser eternos.

Los primeros, encabezados por chinos, hindúes, egipcios, hititas o sumerios fueron seguidos por los hebreos y fenicios. Más adelante los asirios y celtas y luego los persas, los griegos y los romanos.

A la antigüedad le siguieron el Imperio Carolingio, el Sacro Imperio Romano Germánico, los grandes califatos, las dinastías Sui, Tang y Ming y en Mesoamérica los toltecas, los mayas, los aztecas y en el sur los incas crearon sus propios poderíos.

Después del descubrimiento de América, España logró una gran supremacía en la que no se ocultaba el sol.

Y en lo religioso, el gran milenio del catolicismo terminó con el siglo pasado, resultado de dar la espalda a la modernidad y de una furibunda alianza con el fundamentalismo de derecha; ahora, corresponderá a Francisco organizar el funeral y a su sucesor el entierro de esa corriente como potencia ideológica mundial.

El milenio del mundo como lo conocemos tendrá que hacerse a un lado para dejar pasar al nuevo que podría ser el chino, el hindú o el israelita, tres potencias que si bien no se igualan en población si en fuerza económica, industrial y sobre todo nuclear.

Estados Unidos, en el continente americano; Alemania y Francia, en el viejo continente e Inglaterra en el Atlántico, deberán ir pensando en cómo sobrevivir a los tres nuevos desarrollos económicos, disímbolos en su política, pero comunes en el propósito de adueñarse de nuestro futuro.

El dragón del Oriente, con 1,300 millones de habitantes ha demostrado que dentro de un capitalismo de Estado puede explosionarse y tomar un lugar importante en el mundo moderno. Con un crecimiento del 11.3 por ciento anual ha opacado a todas las economías del orbe.

Mientras tanto, India se prepara también para dar el salto. Con 1,100 millones de habitantes busca estar entre las tres superpotencias del mundo, sólo que por diferente camino: apoyo a la iniciativa privada de manera absoluta y mejorar la educación superior y científica de su población. Con un crecimiento estable de más de 6.8 por ciento es la sexta economía del mundo, además de su poder nuclear y militar muy superior a sus vecinos.

Finalmente, el poder israelita, cuyos objetivos son claros desde siempre. Todos los escollos y amenazas que le rodearon antaño, como Egipto, Líbano, Palestina, Irak se han eclipsado como potencias militares amenazantes y se han convertido en sus proveedores de energéticos y mano de obra barata. Sólo queda una piedra que barrer: Irán, la antigua Persia. Sin embargo, cualquier día de estos nos amanecemos con la noticia de que también desapareció del mapa militar del Medio Oriente. "...no por la fuerza ni por las armas, sino por mí espíritu, dice el Señor de los ejércitos..." Zacarías (IV-6) (Zejariá).

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