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jueves, 23 de febrero de 2017

INE: los príncipes de la democracia entre el derroche y la insensibilidad social

José Luis Camacho Acevedo

En este espacio me he referido a los integrantes del Consejo General del ahora llamado Instituto Nacional Electoral, y a sus inmediatos antecesores del extinto IFE, como “los príncipes de la democracia”.

Los príncipes de la democracia en México viven una etapa dorada en materia económica.

Sus prebendas les dan la posibilidad de compararse con cualquiera de los magnates de nivel medio que existen en Dubai.

Los privilegios de que gozan los consejeros del INE pueden ser considerados violatorios de Ley promulgada por Felipe Calderón en la que se establecía que NINGÚN FUNCIONARIO PODRÍA GANAR UN SUELDO MAYOR AL DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.

La propuesta de Calderón fue aderezada con un cauteloso transitorio que dejaba con el mismo sueldo a los ministros de la Corte que estaban en funciones.

Y que los nuevos integrantes de la Corte se sujetarían a unos emolumentos aproximados a los 190 mil pesos y no los 480 mil que percibían los magistrados actuantes en ese momento.

Pero ese transitorio no ha funcionado ya que TODOS LOS NUEVOS MINISTROS QUE HAN INGRESADO A LA CORTE SIGUEN COBRANDO 480 MIL PESOS MENSUALES.

Esa percepción de los magistrados es, por donde quiera vérsele, un despropósito inadmisible en un país con los niveles de pobreza que tiene México.

Realizando un comparativo de lo que gana un ministro mexicano con uno de Estados Unidos, aquí el togado vive con un sueldo 30% mayor que el del país vecino.

Y el costo de la vida en México es un 60% menor que el QUE SE TIENE QUE PAGAR EN Washington.

De tal manera que un ministro mexicano gana prácticamente un 93% más que uno de sus colegas estadounidenses.

Cuando Ernesto Zedillo decidió recortar el número de ministros de la Corte de 21 a 11, se dio otro caso del absurdo burocrático en México.

Dos de los ministros separados, Diego Valadés e Irma Cué de Duarte, que solamente fungieron ¡nueve meses y cinco días! como integrantes de la Corte, pidieron una pensión vitalicia, también superior al ingreso del presidente de la república, que asciende a 270 mil pesos mensuales. Más auto oficial, gastos de representación y dos ayudantes.

Esta vez el varazo al avispero se lo pegó el consejero del INE, Benito Nacif Hernández.

Nacif, al defenderse de la medida tomada por sus compañeros del consejo general del INE de reducirse un 10% sus salarios, destapó una cloaca de dispendios y privilegios que se dan en esa institución.

El gobierno federal anunció que se fomentaría la austeridad y el ahorro en el gasto público. Rápidamente algunos gobiernos estatales anunciaron medidas de austeridad, entre ellas, la disminución del sueldo de los funcionarios de alto rango en hasta un 10 por ciento. Misma que alcanzó a los organismos electorales locales.

En este sentido el Instituto Nacional Electoral también anunció que ejercería varias acciones, como la cancelación de la construcción del edificio que tenía un presupuesto superior a los mil millones de dólares. No obstante, con respecto a la reducción del 10 por ciento del salario de los consejeros electorales, Benito Nacif Hernández tomó la sorpresiva decisión de oponerse.

Nacif argumentaba que por su carácter de consejero está impedido de trabajar dando asesorías o conferencias.

Para impedir al gobierno federal, la reducción de 17 mil pesos mensuales, es decir el 10 por ciento de su sueldo, ha interpuesto ante el Tribunal Electoral un juicio para la protección de derechos del ciudadano que puede resultar exitoso pues la propia Suprema Corte ha emitido criterios semejantes a los del consejero disidente.

De acuerdo con la columna de Eduardo R. Huchim publicada ayer en el diario Reforma: “independientemente de la resolución del TEPJF, lo socialmente más importante en este caso no está en la litis del juicio, sino en una de las argumentaciones que lo sustentan y que se identifica con una necesidad muchas veces señalada: la racionalización del gasto electoral (más de $35 mil millones este año) en México”.

Y es que el consejero puso en evidencia datos que quizás no se habrían hecho públicos de no ser por esta controversia legal, para fundamentar que existen rubros en donde es posible lograr ahorros presupuestales mucho mayores que los obtenidos con el recorte de los funcionarios. Como el contrato con la consultora PriceWaterhouseCoopers, por 8.6 millones de pesos.

Otro caso es el dispendio presupuestal como “el arrendamiento de más de mil vehículos por un monto total de 912.9 millones, gasto que pudo ser de solo la mitad, si tales automotores hubieran sido comprados y no rentados, de acuerdo con un estudio de la Contraloría, a cargo de Gregorio Guerrero”.

El ojo público en este caso, ha abierto la puerta a que se denuncien otros casos de despilfarro presupuestal, pero ahora en los tribunales electorales. Ya que el generoso sistema de percepciones del Poder Judicial ha permitido a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación incrementar 30% —vía gratificaciones, estímulos y prestaciones— sus ingresos anuales.

Según el Anexo Analítico de Plazas y Remuneraciones del Presupuesto 2017, este año percibirán en total 6 millones 766 mil pesos brutos, pero sin impuestos les quedarán a cada uno 4 millones 564 mil pesos.

Otro caso hecho público por el diario El Universal, es que para apoyar las tareas de impartición de justicia electoral, los integrantes de la Sala Superior del TEPJF adquirieron cinco camionetas de lujo con una inversión de 4.5 millones de pesos.

O también está el caso de la hija del delegado de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, quien percibe en el Infonavit una percepción superior a los 200 mil pesos.

Además está el hecho de que su padre dio contratos millonarios a sus amigos y vecinos zacatecanos.

Este colofón es un nuevo mensaje para Andrés Manuel López Obrador que se ve rodeado de personajes que para nada representan la honestidad valiente que proclama el tabasqueño.

Los hechos demuestran que una cosa es el decir y prometer y otra muy distinta es cumplir y honrar la palabra.

Seguimos en el país de las maravillas.

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