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lunes, 30 de enero de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo
@migearrow50

(Cuarta Parte)

Para quienes conocen la historia de la relación México - Estados Unidos de América, que desgraciadamente son pocos entre la élite política y empresarial de nuestro país. Lo que está ocurriendo en este momento con la ofensiva tomada por Donald Trump, nos recuerda mucho lo ocurrido entre 1845 y 1847, cuando el entonces presidente Polk armó un cuadro para justificar la invasión a México y apropiarse indebidamente de California que era su principal objetivo,  pasando por alto al congreso estadunidense, que más tarde repudiaría la guerra injusta.

Es muy recomendable en estos momentos la magnífica obra “Revista de las Causas y Consecuencias de la Guerra Mexicana” de William Jay, publicado por el Instituto de Administracion Pública del Estado de México, A.C. (IAPEM), con la estupenda presentación del Maestro Mauricio Valdés Rodríguez, quien hace algunos años, no muchos por cierto, tuvo la gentileza de hacerme llegar algunos ejemplares de ésta valiosísima contribución a la verdad histórica, rescatada por el IAPEM del olvido  y que hoy es de consulta necesaria.

William Jay (1789-1858) denunció las trampas y artimañas de las que se valieron los gringos, primero para apoderarse de Texas y después de los estados norteños de México, la Alta California y Nuevo México, que ahora son los estados de California, Arizona, Nevada, Utah, Nuevo México y parte de Colorado.

En efecto, Polk aprovechó que el ejército mexicano  reforzó sus posiciones allende el  Río Bravo para considerar estos movimientos como una agresión militar, escribió William Jay:

Vemos, pues, que el Presidente, dentro de un estado de paz, sin conocimiento del Congreso, sin que lo esperara el cuerpo legislativo, ordena la invasión de un territorio que se halla en posesión real y exclusiva de México, un territorio en el que hay poblaciones mexicanas sujetas a las autoridades de este país; un puerto de entrada con funcionarios aduanales y con “establecimientos de carácter militar”

Y continúan explicando Jay:

La excusa que se ofrecía de esta usurpación injustificable de poder, cuyo objeto era hundir el país en una guerra inesperada, sin provocación alguna y completamente innecesaria, era que Texas se hallaba en peligro. Nadie estaba más seguro que la Administración de la incapacidad total en que se hallaba México de emprender una guerra de agresión contra los Estados Unidos. Desde el principio de la rebelión tejana, el Gobierno de aquella República había estado lanzando amenazas ruidosas contra su provincia en rebeldía, pero ninguna fuerza suya había penetrado en el territorio desde el combate desastroso de San Jacinto. Un vasto desierto se extendía entre el Río Nueces y el Río Grande; y en el territorio situado al Este del último no había una sola casa tejana. La población del país invadido por Taylor era exclusivamente mexicana. No cabía pensar en lo absoluto que México, débil, desorganizado, hundido en la más completa confusión como estaba entonces, se atreviese a invadir a Texas, protegida  ahora por toda la fuerza de la Confederación americana, cuando unos nueve años antes un grupo insignificante de aventureros había bastado para destruir su ejército y hasta para capturar a su Presidente.

Por cierto que el siguiente párrafo escrito por Jay, nos recuerda el costo irracional y desproporcionado que tendrá que pagar la nación estadunidense por el muro de Trump. Lean este párrafo sobre hechos ocurridos en 1846:

Así que según parece, el Gobierno estaba resuelto a hacer la guerra invocando dos pretextos: primero, las ofensas recibidas por nuestros ciudadanos  y que estaban calculadas en dólares y centavos. Para cobrar unos cuantos millones de reclamaciones discutibles, nuestro Gobierno reconocía estar dispuesto a emprender una matanza de seres humanos, y esto  precisamente en los momentos en que no menos de seis Estados de la Unión tenían deudas insolutas que montaban a la enorme suma de 52 millones de dólares, y de las cuales no habían podido pagar ni intereses siquiera. La idea misma de cobrar dos o tres millones de dólares gastando para ello cien millones o mas en asesinar a los deudores, es algo tan absurdo y tan diabólico que nos resistimos a creer a Mr. Buchanan cuando nos asegura que tales eran las intenciones de su gabinete. La segunda causa invocada era todavía menos creíble. Las ofensas a nuestro Gobierno, que habían de vengarse asesinando mexicanos, son las imputaciones de mala fe lanzadas por el Gobierno Mexicano al de Washington por su conducta hacia Texas; imputaciones que, por desagradables que fuesen, desgraciadamente estaban basadas en hechos y además, habían sido ya abundantemente retribuidas con insultos y ofensas. La adquisición de California y la expansión de la esclavitud proporcionaban motivos de guerra que las causas ficticias invocadas por Mr. Buchanan no suministraban.

No bastaba que Taylor marchase hacia el Río Grande; el Secretario le decía: “Se sugiere a la consideración de usted los puntos fronteros a Matamoros y a Mier y la vecindad de Laredo”. El fin que se perseguía era dar lugar a un choque y, si era posible, inducir a los mexicanos a que atacaran a nuestras fuerzas; y para esto la enseña americana había de desplegarse en forma provocativa en aquellos contornos y a plena vista de esas poblaciones de México. Muy difícil resultaría ciertamente que nuestras tropas estacionadas en los suburbios de esos tres lugares no dieran origen a una contienda, con la cual se capacitaría a Mr. Polk para anunciar al Congreso que “hay un estado de guerra producido por actos de México”.

El general Taylor, siguiendo las órdenes recibida, emprendió la marcha sobre el territorio mexicano. Ni un americano ni un texano podían hallarse al sur de Corpus Christi. Después de haberse internado en el desierto unas 100 millas, Taylor encontró “pequeños grupos armados de mexicanos que parecían resueltos a esquivarnos”.

Al aproximarse a Punta Isabel, pequeña población mexicana, donde había una aduana, halló que los edificios estaban ardiendo. Al mismo tiempo recibió una protesta del “Prefecto del Distrito Norte de Tamaulipas”  contra la invasión de un territorio “que jamás ha pertenecido a la colonia (Texas) de que se han apoderado sus fuerzas”; invasión de la que no se había dado aviso alguno al Gobierno  de México,  y para la cual no podía aducirse razón alguna. La protesta terminaba asegurando a Taylor que mientras su ejército “permaneciera en el territorio de Tamaulipas, sus habitantes tendrían que considerarlo como autor de actos hostiles, así hiciera declaraciones de paz, y quienes han sido los invasores tendrán  que responder ante todo el mundo de las tristes consecuencias de esta lucha”. Los habitantes de Punta Isabel huyeron ante los invasores buscando refugio en Matamoros.

La estrategia que entonces siguió el Presidente Polk y su camarilla de ladrones, es la misma que está siguiendo Trump; crear la impresión de que México ha agredido a los Estados Unidos para justificar una ofensiva que ahora es clara, tiene como finalidad quedarse con Baja California y una amplia franja fronteriza alegando motivos de seguridad nacional e indemnización por la construcción del muro.

Continuará…

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