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martes, 17 de enero de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Segunda Parte)

México ha desperdiciado sus oportunidades históricas para convertirse en un país preponderante en el orden mundial.  No es el único caso por supuesto, sólo por mencionar casos similares, Argentina y China han permitido que la historia los rebase, aunque por lo que hace al inmenso país de Oriente, ha revertido está situación y ha logrado convertirse ya en una potencia mundial, sacando partido de su inmenso territorio y numerosa población.

Pero volviendo a nuestro país, en 1821 cuando la Nueva España declara su independencia de España para convertirse en México, su territorio de gran extensión y cuantiosos recursos naturales, lo situaban como uno de los países más ricos del orbe. Comparado con México las 13 colonias, convertidas cuarenta años antes en Estados Unidos de América, eran menos que insignificantes.

Como se recordará México se extendía desde lo que hoy es Panamá hasta Nuevo México, Arizona y Texas. Este inmenso territorio abastecía a la población del naciente país de todo cuanto necesitaba para su subsistencia y de recursos mineros y agrícolas que le proveían de lo necesario para nutrir con creces la hacienda pública.

La guerra de independencia recién terminada, solo había afectado su economía de manera significativa los primeros cuatro años en los cuales el bajío, “el granero de México”, se había visto convulsionado por la campaña inicial de Hidalgo y la de Morelos a la muerte de su mentor y guía. Sí bien la manutención del ejército realista para combatir y mantener a raya las guerrillas  insurgentes en lo que hoy es el Estado de Guerrero, habían impactado la economía de la Nueva España, la riqueza de ésta permanencia casi intacta. Al triunfo de la independencia sin embargo, el desmembramiento del aparato administrativo virreinal, inició el dislocamiento de esa economía pujante y de importancia mundial.

La expulsión de los españoles del territorio nacional, evento poco recordado en estos tiempos que corren, ordenado por la ley del 20 de diciembre de 1827, afectó el viejo modo de producción del virreinato, nutrió a la fuerza invasora de 1829 de oficialidad y radicalizó la posición del clero en contra de la tendencia liberal de la nueva república. Prohijó también la consolidación de los grupos conservadores que detentaban en sus arcas una parte importante de la riqueza ante la amenaza de ver afectadas sus haciendas y privilegios.

El reconocimiento de España a México como país independiente, ocurrido en 1836 y en consecuencia  el retorno de un grupo importante de la comunidad española, no logró restituir el daño a la economía, la política y al entramado social. Iniciábamos la toma de decisiones equivocadas que nos llevarían a la situación que hoy tenemos.

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