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lunes, 9 de enero de 2017

¿Por qué no manda México?

Miguel Arroyo

(Primera Parte)

En el Diciembre de 1985, verano en Argentina, vi en el cine la excelente película, un clásico del cine mundial, “Volver al Futuro”. Es uno de los filmes que en lo personal me han causado cierta impresión, por su imaginativo juego con el tema del tiempo, cuestión que desde mis juveniles lecturas de H.G. Wells y su “Máquina del Tiempo”, siempre me ha inquietado.

Pero creo que uno de los aspectos que trata el clásico de Steven Spielberg, es que la vida se define por las decisiones coyunturales, uno decide lo que cree que es correcto y el tiempo, siempre el tiempo, nos señala si tomamos la decisión adecuada o nos equivocamos.

Igual ocurre con los grupos que gobiernan las naciones y que toman decisiones que impactan a generaciones y que determinan el equilibrio global durante centurias o milenios; así por ejemplo, lo que la mayoría  entendemos como el “Occidente”,  político y cultural, ha dominado durante poco más de dos  milenios  al resto del mundo. Las razones del dominio occidental, ha llamado la atención desde por lo menos el siglo XVIII, cuando Inglaterra, una pequeña isla, se encontró con las riendas del orbe. Aunque perdía las colonias americanas, controlaba el comercio mundial y la incipiente industria mecanizada. Las rutas marítimas por las que circulaba la riqueza del mundo, eran todas inglesas, con algunos chispazos de holandeses y otras nacionalidades europeas. Adam Smith, en  su obra “Investigación sobre la naturaleza y la causa de la riqueza de las naciones”, explicaba que era en buena parte la personalidad de los británicos y su tendencia al bienestar la que les inducia a la búsqueda y producción de la riqueza  y a su mejor distribución, con más éxito que otras naciones de mayor extensión y riquezas naturales.

Ian Morris en su monumental ensayo  “¿Por qué manda el occidente… por ahora?”, ha aportado un minucioso estudio sobre factores que han determinado que una región del mundo sea dominante sobre la otra, los cuales tienen un carácter cultural, sociológico y sobre todo geográfico que conjuntados determinan que una nación evolucione de mejor manera que otra que no reúne determinadas características. México por ejemplo, es un país que debería teóricamente ser una nación rica. Cuenta con extensión territorial considerable, riquezas naturales y una situación geográfica privilegiada. Las aguas del Pacífico, del Golfo de México y el Caribe, bañan sus costas. Tiene dos mil kilómetros de frontera, con uno de los mercados más importantes del mundo, es el puente geográfico entre Norteamerica y Centroamerica. Su clima es benigno y templado en su altiplano y centro del país. Es decir, conforme las teorías del desarrollo de occidente,  México debería ser uno de los países dominantes, pero como una escollera en la teoría política, nuestro país revienta las explicaciones sobre el dominio de occidente, excepto los postulados originales de Adam Smith sobre la idiosincrasia y carácter de los habitantes, que por supuesto tiene explicaciones históricas  y sociológicas y nada que ver con las explicaciones racistas, animadas recientemente con la llegada de Trump al poder.

En términos simplistas, México es pobre porque hay un sector social reducido que se aprovecha de la ignorancia de la mayoría de la población para continuar enriqueciéndose mediante la apropiación histórica de los medios de producción, con la complicidad y participación de una clase política corrupta que se dobla ante el interés de los sectores industriales y comerciales o utiliza sus espacios de poder sólo para enriquecerse y no gobierna para beneficio del país ni con una visión de estado.

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