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lunes, 23 de enero de 2017

Comentando / Si el vínculo familiar está roto, caso como el de Federico se repetirá

* Dialogo, orientación, atención a necesidades del adolescente, la respuesta

Luis Repper Jaramillo*
lrepperjaramillo@yahoo.com

No sorprende, si preocupa y sobre todo alarma. La descomposición social y familiar que en los últimos 4 años azota a los mexicanos, atemoriza. Secuestros, violaciones, asesinatos, acoso escolar, laboral, indiferencia gubernamental, legislativa, administrativa, la pérdida de valores de una sociedad que por masiva, desprecia el dolor ajeno, la ignominia de millones y millones de pobres y pobres extremos, desempleo, etc. es producto del gobierno fallido y de cuasi la disolución familiar, origen de los males que nos aquejan.

Casos tan lamentables como el incendio en la Guardería ABC, de Hermosillo, Sonora, responsabilidad del IMSS, concesionada a particulares, que provocó la muerte de 49 bebés, calcinados y más de 106 lesionados, la mayoría de por vida, no arrojó la detención de los verdaderos culpables, y sólo 4 o 5 “chivos expiatorios”, que salvaron la imagen y vida política de los arrendadores, entre ellos Marcia Matilde Gómez del Campo, prima de Margarita Zavala, esposa del Presidente de México, Felipe Calderón, quien jamás pisó ni el Ministerio Público. El nepotismo en toda su expresión. Marcia sigue libre y sin responsabilidad alguna.

Qué decir de la matanza de los 43 estudiantes de la Normal, de Ayotzinapa, en la que están involucradas autoridades municipales, estatales y federales, cuya indiferencia agravia a la sociedad y se convirtió en el estigma de Enrique Peña Nieto, hasta el final de su vida.

Tlatlaya, Estado de México, una de las violaciones más graves de derechos humanos en el país. Una masacre encubierta por autoridades federales y estatales, el 30 de junio de 2014, en donde 15 civiles sostienen un enfrentamiento contra militares, una vez sometidos, se rinden y estando a disposición del Ejército, los ejecutan.

Días después de la matanza, cínicamente, el gobernador del PRI, Eruviel Ávila Villegas, “hace un reconocimiento a la labor heroica del Ejército, por los hechos” La deshumanización e indiferencia de las autoridades contra su propia población.

En fin… Ahora quiero referirme al caso del 18 de enero, en la Ciudad de Monterrey, Nuevo León, en el que un joven de 15 años, asesinó con arma de fuego, en un salón de clases, del Colegio Americano de Noreste, al menos a dos compañeros y su maestra agoniza, lesiona con tiros a la cabeza a otros adolescentes.

No reseñaré más, pues el video se hizo viral en Redes Sociales.

A lo que me referiré es la ruptura del vínculo social que da razón y vida a la humanidad: la familia.
Si bien el chico era tratado psicológicamente (apenas 15 años de edad), por problemas de desequilibrio mental, existe una razón para este padecimiento, que bien pudo iniciar en la indiferencia o desatención de los padres. El raro ambiente consanguíneo que priva en el hogar. El descuido a la formación, amistades, necesidades; ausencia de dialogo o inestabilidad matrimonial, que abonaron al padecimiento conductual del adolescente.

Además de lo emocional, personal e íntimo que falla en ese hogar, la situación física, de actitud, comportamiento y de relación humana que tenía Federico, en su primer círculo de amigos, no fue advertida por los padres, pues nadie se explica, aún, como obtuvo el arma Calibre 22, con la que atacó a sus colegas y luego se suicida dándose un tiro en la cabeza.

Detalles, que ahora, seguramente los papás lamentan, pero demasiado tarde, porque el estatus psicológico del adolescente no fue madurado, observado, captado por el especialista que lo atendía y menos por los progenitores, con quienes cohabitaba. Descuido fatal  irreversible y socialmente impactante.

Se acepte, o no, existen varios culpables, de inicio los padres, el psicólogo tratante, el primer círculo de amigos de Federico, las autoridades del Colegio y desde luego el pequeño homicida, quien ya pagó su irresponsabilidad.

El hecho no debe repetirse y menos quedar impune, seguro lo exigirán los padres de las víctimas y lesionados. Tal vez no sea asunto gubernamental, sí social y familiar, pero las autoridades educativas deben tomar cartas en el asunto, ya, pues se dio el primer caso en México, como tantos suceden en Estados Unidos, de ahí que papás de todo adolescente, puberto, joven, deben asumir un rol más contundente sobre la disciplina y amistades de los muchachos, no descuidarlos, jamás minimizar un estado de ánimo o actitud anormal. De inmediato abordarlo y sobre todo prevenir su conducta. ¿Cómo?, ahora doy algunas sugerencias.

Considerando que si alguno de los hijos está o necesita tratamiento psicológico, es necesario su acompañamiento, no me refiero ir con él al consultorio, este se da por entendido. No, sino a entrar al mundo del muchacho de manera coordinada con el profesional. Estar siempre puesto y dispuesto a escucharlo, compartir –hasta donde lo permita- sus experiencias y necesidades. Jugar, platicar, estar cercano a sus deseos, gustos,  o molestias.

Dar seguimiento a las indicaciones del psicólogo y aportar lo filial que como padres, por naturaleza, tenemos que dar.

La otra acción, como prevención y obligación en el hogar, es convivir diario con sus hijos. Aconsejo, que al menos uno de los tres alimentos del día (desayuno, comida o cena) se sienten a la mesa todos los miembros de la familia, a compartir “el pan y la sal” en un ambiente sano, afectivo, cariñoso.

Una vez reunidos, se dará el momento más importante, definitivo e insustituible, platicar, compartir los hechos del día. Como detalle preciso y para no romper el momento íntimo, se debe exigir que cada uno de los miembros deje en un depósito ad hoc, los teléfonos celulares, Tablets, IPhones, etc. para no contestar o enviar mensajes, al menos una hora y media, para no romper la armonía y la concentración del momento.

¿Qué se conseguirá con esta reunión?, lo más importante: escuchar a los hijos, entenderlos, orientarlos, felicitarlos, intimidar.

Un factor muy importante, se lo digo a los padres, es escuchar, discernir, asimilar lo que digan nuestros invitados a la mesa.

En este escenario no importa lo que nosotros queramos decir, déjenlo para el final, lo trascendente es que cada uno de los hijos se explaye, nos platique “sus cosas” La gente inteligente sabe escuchar, más que hablar.

En ese maravilloso e íntimo momento, como padres, detectaremos necesidades, miedos, gustos, exigencias, debilidades, temores, éxitos, respaldo, orientación y más, que son los comportamientos fuera de casa, que nos alertan sobre problemas, vivencias, inseguridades, presiones, acosos, que irremediablemente nos lleva a detectar –a tiempo- la posible o eventual desorientación del hijo.
De hecho, la convivencia familiar en torno a la mesa, se traduce en seguridad, confianza, respaldo, orientación del inquieto adolescente, que urge reubicar.

Es importante, si el padre trabaja todo el día, que su pareja vigile de cerca con quien se junta, juega, divierten los hijos. Además establecer un control absoluto del uso de celulares, Tabletas, IPhones, la computadora de escritorio y la Lap Top,  checar qué páginas consulta, qué mensajes recibe y envía. Ningún detalle sobra.

Esto debe resumirse en una sola palabra: confianza, si esta cualidad no se brinda y recibe, cualquier esfuerzo moral, psicológico, afectivo, maternal nunca valdrá la pena. Si como padres no confiamos en nuestros hijos, se revierte el sentimiento y no tendremos  reciprocidad.

Ésta se da cuando hay convivencia, no cohabitación; de ahí la importancia de la reunión familiar en al menos uno de los tres alimentos. Y para “amarrar” el esfuerzo, disfrutar el domingo unidos ya en casa, en un paseo, pedaleando, en la vista al centro comercial, al cine, cuidando que ningún dispositivo móvil se interponga. El domingo es familiar y deben comprenderlo nuestros “contactos”.

Oramos porque el hecho de Monterrey, Nuevo León, no se repita. Tenemos la solución en casa: convivencia, afecto, amor, dialogo, escuchar, orientación y comprensión a la desorientada vida del puberto, del adolescente, para eso somos los padres, ya con mucho camino andado y haber asimilado, en nuestro tiempo, los mismos disparates de nuestros hijos.

Dice el refrán popular, y nunca como hoy tiene vigencia, “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”.

A ponerlo en práctica.

* Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT) y de Comunicadores por la Unidad (CxU).

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