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martes, 27 de diciembre de 2016

Palabras Férreas / Pasaje de FE

Norberto Lacarriere

¡Suben!

Hora de olvidamos o creemos haber perdido: La esperanza.

Mi herramienta hoy es un cuento corto basado en un relato que escuché de niño, así que guardo la esencia y solo le imprimo mis palabras.

Los reto a no llorar. Empieza así:

En algún lugar del mundo, en l víspera de la Nochebuena, regresaba a casa un soldado; venía de la guerra.

Abordó un autobús y emprendió el viaje camino a casa… y a lo incierto.

En el trayecto la gente descansaba en su asiento; alguien charlaba con elevado volumen pero sin molestarle a él ni a los demás .

Poco a poco algunos pasajeros repararon en el militar que todo el tiempo estaba callado.

Si acaso se movía era para ver a través de la ventana como la nieve de la estación cubría los pastizales.

Alguien le saludó con amabilidad y nuestro personaje principal respondió el saludo con voz cordial pero tono cansado.

“Vengo del frente de batalla y ya se podrá imaginar lo que uno vive ahí. Discúlpeme, quiero descansar".

La realidad de su estado de ánimo era otra. Por eso no tardó en confesar la verdad de su talante e inconscientemente empezó a desahogarse .

“Hace cinco años me casé con mi novia de la infancia, justo cuando el gobierno me llamó a servirle.

“Antes de partir, mi esposa me llevó a la salida del pueblo donde está un viejo roble, nuestro lugar favorito".

Hablaba de donde escribieron con una navaja sus nombres. Ahí ella le dio el "sí” al él pedirle matrimonio.

La voz del hombre sonaba firme. Y los pasajeros empezaron a guardar silencio para escuchar el relato.

“Ella me pidió prometerle que le escribiera. No accedí. Si sobrevivía a la guerra yo simplemente    retornaría.

“En cambio yo le solicité una cosa más: Nada de cartas. La señal de espera tenía que ser un listón rojo, atado a cualquiera de las ramas de nuestro árbol. Luego me fui”.

Nadie más habló. El hombre volvió al silencio mientras pasaba el tiempo y llegaba el momento de bajar.

Y llegó ese instante. Tomó su equipaje, descendió y algo le hizo voltear hacia el autobús.

Varios de sus compañeros de viaje le hacían señales de ánimo. La mamá de una niña tomó la manita de ésta para formar la  letra “V” de “valor”.

Caminó por la vieja fábrica que por años fue el sustento de su comunidad y pasó por la ruta que le llevaría a casa.

Se sentó a un costado de la carretera y vio la hora. 6:30 PM. Volvió a andar.

A menos de 500 metros estaba el roble de la historia, el que por la temporada estaría cubierto de nieve, pero esta vez no era eso lo que tenía.

Era uno, otro… y otro y otro más…¡Decenas, cientos, miles de listones, todos rojos!

Todos amarrados, todos atados, algunos descoloridos pero unos sobre otros.

Sobra explicar su significado .

La narración no termina ahí. Con el rostro cubierto de lágrimas el hombre  llegó a su casa.

Tocó fuerte hasta que se abrió la puerta. Y se abrió porque una pequeña mano hizo girar el seguro.

Su esposa apareció de pronto detrás de ella, con un abrigo para cubrir a la menor.

Estaban a punto de salir a colocar nuevos listones sin imaginar siquiera el sorpresivo arribo.

¿Y la pequeña? Su origen está en algo que el soldado omitió contar cuando llegó al pasaje del roble.

Ya se imaginarán… al pie de ese gran árbol la despedida no podía haber sido con un solo beso...

¡Ah! pero sí con una entrega de las que dejan huella en forma de descendencia.

Esta es la historia donde la fe puso el primero del resto de esos listones .

COLOFÓN

Para quien crea en un ser supremo y sus misterios, hoy se recuerda el nacimiento del hombre más bueno y sabio que haya pisado este planeta.

A quien tenga otros pensamientos espirituales, se le desea bienestar y tranquilidad .

Cuídense. Alguien los espera. Entre ellos un servidor.

Por el favor y honor de su atención éste año y todo el tiempo, ¡Gracias!

Por hoy y siempre, mi deseo de salud, dicha y paz. ¡Felices fiestas, respetables lectores y que Dios me los bendiga!

Y ahora sí. ¡Bajan!

Confesiones, réplicas y uno que otro aplauso a norberto@libertas.com.mx

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