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martes, 6 de diciembre de 2016

Lo que sigue para Cuba

Miguel Arroyo

Fidel Castro gobernó Cuba por 49 años, pero aun y cuando dejó el poder en manos de su hermano Raúl en 2008, continuó teniendo un liderazgo moral en esa isla que se mece, como decíamos en nuestra entrega anterior, en un mar atemporal, casi situada en una realidad paralela. Fidel siguió entonces presente y a pesar de su ausencia en el ejercicio efectivo del poder ejecutivo, su sola presencia daba fortaleza a una nación que resiste a base de voluntarismo, con ese ánimo intencional de retar a la realidad, cuando ésta se oponía empecinadamente a los discursos del Comandante y de su grupo.

En los próximos años el fenómeno Fidel será estudiado por la ciencia política para tratar de entender como un sólo hombre mantuvo y mantiene todavía unida a toda una nación en la tarea que parece absurda para occidente, de la búsqueda del unicornio y de su santo grial, a pesar de las carencias y la fatiga; sumergida en un socialismo tropical que no deja sin embargo de tener logros que parecen inalcanzables para otras naciones, sobre todo Latinoamérica, México incluido. Cero analfabetismo, cobertura universal de servicios de salud, así como índices delincuenciales a niveles mínimos en ciertos rubros, son algunos de los puntos donde Cuba destaca muy por encima de sus hermanos de Latinoamérica.

El problema para Cuba radica ahora en la inminente transición que tendrá que realizar ante el fallecimiento de Fidel y la avanzada edad de su hermano Raúl y por supuesto, la inevitable ofensiva de Donald Trump, quien a partir del inicio de su administración efectuará contra la isla y que no descansará hasta ver por lo menos la crisis absoluta del régimen al que la apertura turística promovida por Obama le ha servido para incrementar su ingreso de divisas y fortalecerse. Trump apretará aun más la cuerda sobre la garganta de los cubanos con la finalidad de llevarlos a extremos de asfixia que propinen la caída del actual régimen debilitado ya por la ausencia de su jefe moral y patriarca.

Como ya han publicado algunos medios, tres son los aspirantes a suceder a Raúl en el mando de la nación caribeña.

En primer lugar está el hijo de Raúl, Alejandro Castro, quien con el grado de coronel y 51 años, detenta de facto el control de la sociedad cubana al estar a cargo de los servicios de inteligencia y hay que destacar que la inteligencia del régimen castrista, es considerada una de las  más efectivas a nivel mundial.

En segundo lugar en la línea de sucesión está el yerno de Raúl, Luis Alberto Rodríguez López, quien a través del  grupo de Administración Empresarial, tiene el mando del 40 por ciento de la economía, lo que significa que controla la actividad económica formal y organizada mediante un conglomerado de 57 empresas.

El último en la  línea para suceder a Raúl Castro es su nieto de 31 años, Raúl Rodríguez, quien es su hombre de absoluta confianza y  el jefe de la seguridad personal de Raúl, con todo lo que esto significa.

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