.

martes, 20 de diciembre de 2016

La Cueva de la Hidra / La mera verdad

Margarita Jiménez Urraca

La verdad se corrompe tanto con la mentira
 como con el silencio: Cicerón

En una entrega anterior escribía sobre la cultura de la mentira y algunas de sus consecuencias en el plano social y político; es en ese sentido que en este tiempo de reflexión me pregunto sobre la educación con apego a valores como verdad, respeto, integridad, deber, solidaridad, inclusión, entre otros, lo que pareciera ser la manera de construir una cultura de la verdad. En una sociedad que cultiva estos valores, cumplir con el deber, respetar al otro, no mentir, combatir corrupción e impunidad favorecen el impulso de la legalidad en donde el que si cada quien hace lo que le corresponde, las cosas mejoran.

Esto suena coherente, sin embargo, el 12 de diciembre, día de la celebración de la aparición de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac, la verdad del ser popular del mexicano se expresó, una vez más, en los más de 7 millones de fieles que asistieron devotamente a La Villa, sin mediar norma alguna, a hacer patente su fe: ahí no mintieron. Estas mayorías no tan silenciosas, expresaron en qué creen, en quien confían; establecieron su espacio de esperanza, contaron y fueron parte de un yo colectivo con identidad. La institución de la fe en la Guadalupana se sostiene y tiene más followers que entidad o persona alguna, que ejercen su derecho a manifestarse en sus propios términos, que a diferencia de una frase que se lee en carteleras puestas en las carreteras de la entidad, donde se señala que los” mexiquenses creen en lo que ven”, estos peregrinos “creen en lo que no ven”, confían en la virgen, en el milagro, esa es su verdad; es el milagro de la fe, pero la cultura de la verdad no se construye de milagros, se hace en el día a día y se estructura con hechos, veracidad y certezas, con la afirmación, en cada acto, de la vigencia del Estado de Derecho en el que se educa desde la niñez. Aceptar esta forma de vida es vivir en la certeza que las metas personales, familiares, colectivas se pueden cumplir.

La verdad es que nos hemos engañado por tanto tiempo que hemos creado un laberinto difícil de derribar por el cúmulo de mentiras, simulación, rumores, trámites y burocracia que han dificultado encontrar la verdad. Ahí donde lo derecho, no tienen cabida, el laberinto se hace complejo, la vigencia del estado de derecho desaparece y la verdad como valor superior muere y la verdad, la verdad, es que estamos en problemas.

Publicar un comentario

 
Copyright © 2014 Libertas