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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Comentando / Que se vaya 2016, año fallido

* Es tiempo de decisiones ciudadanas. Los políticos y gobernantes fallan

Luis Repper Jaramillo*
lrepperjaramillo@yahoo.com

Se aproxima el cierre de 2016, un año que los mexicanos queremos termine, pues nos ha ido mal, muy mal, en lo económico, laboral, social, en inseguridad, política; en lo internacional y mucho más, pese a las cifras alegres, mentirosas, ilusorias de un Sistema, gobernado por el PRI, que no acepta una administración fallida, que incluso se ha enfrentado y distanciado de los fuerzas armadas.

Un año en que el regreso del dinosaurio es desastroso porque su priista número 1 (como le dicen al inquilino de Los Pinos) no sabe, es pésimamente asesorado, o de plano, no puede encausar, disciplinar, controlar a su primer círculo: dirigente nacional, gobernadores, gabinete, diputados, senadores, amigos y “compromisos”, que lejos de afectar sólo al partido, esa inestabilidad, ruptura, quebranto daña, impacta a la población priista y no priista, por sus corruptelas, pillerías, promesas incumplidas (te lo firmo y te lo cumplo), cinismo, omisiones, complicidades, indiferencia, engaños.

Un año –y los tres anteriores- en que las ofertas de campaña, olímpicamente, se ignoraron, en las que la amnesia del oferente desairó lo que a la gante prometió. Y todavía se atreve a decir “yo nunca ofrecí bajar los precios de las gasolinas, la electricidad, el gas”. Fácil prometer, imposible cumplir.

Una gestión, hasta ahora de 4 años, que ha venido dando tumbos, engañosa, indiferente, indecisa y miedosa, producto de la improvisación, de la incapacidad, de la actuación de sus cuadros que ratificaron la consolidación de la corrupción y la impunidad, empezando por el Número 1.

Esto motivó que “la nueva generación de políticos”, como lo dijo en entrevista multitudinaria a conductores de la televisora de su preferencia (Televisa), “vinieron a refrescar el escenario gubernamental y la administración pública”. De manera presuntuosa, arrogante, mencionó varios nombres de esos “excelsos” y modernos administrados priistas, que más rápido que pronto mostraron el cobre y la corrupción. Aludió a Javier Duarte, de Veracruz, César Duarte, de Chihuahua, Roberto (Beto, dijo) Borge, de Quintana Roo, Rodrigo Medina, de Nuevo León, “priistas con una nueva visión y compromisos” (sic).

A la vuelta de 5 años, sus dignas estrellas, del nuevo PRI, mostraron la realidad,  complicidad y corrupción; hoy uno de ellos (Javier Duarte, fugado) es buscado por la PGR, la Interpol, los demás ampliamente comprobada su deslealtad a quienes gobernaron en Chihuahua, Quintana Roo, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, gozan de cabal impunidad, libertad y desvergüenza.

Tal vez estos ejemplos no dañaron de manera directa al resto de los mexicanos, pero vino a  corroborar que el dinosaurio derrotado en los años 2000 y 2006 por el PAN, recargaron durante 12 años baterías de la corrupción e ipso facto  retomaron su ADN. No lo digo yo,  “por sus hechos os conoceréis”, diría el clásico.

2016 es la antesala de un peor 2017, en donde los bolsillos de los mexicanos –de bien- no de los políticos y los gobernantes, serán masacrados, humillados, ignorados, pues una decisión de Enrique Peña Nieto (escondida como Reforma Energética) liberará los precios de las gasolinas y diesel, productos prioritarios para el desarrollo de la país, que impactará de manera directa y grosera en la microeconomía (ingresos de las clases populares), provocará mayor pobreza… ¡maaaaás!, desempleo (a principio de 2017 se dará despido masivo de burócratas en los tres niveles de gobierno), informalidad, inseguridad, en detrimento de la calidad de vida de más de 120 millones de mexicanos.

2017 no augura nada bueno para el grueso de la población, los jodidos, los clasemedieros, para quienes dependen de un minisalario de apenas 80 pesos, diarios, los subempleados, los temporales y de honorarios, pues la crisis económica, salarial, laboral les presenta un escenario de desesperanza, intranquilidad, incertidumbre, en el cual patrones,  prestadores de bienes y servicios también están inmersos en el caos, buscarán preservar y en su caso rescatar “mano de obra barata” ante la inestabilidad de un año “político” en el que los gobernantes y los partidos estarán más ocupados en mantener el poder y campañar para el 18, ignorando su responsabilidad de servir.

Faltan dos años para la “madre de todas las elecciones”, la presidencial, y ya gobernantes y partidos se encuentran distraídos y robando dinero en sus campañas adelantadas, ante la mirada complaciente de las autoridades electorales (elefante blanco INE), del propio Jefe del Ejecutivo, del responsable de la política interna del país, (quien le juega a la candidatura), mientras el país se destroza, se encona, se desmorona.

En todo este río revuelto, la delincuencia organizada, los grupos antisociales, la población engañada (por promesas incumplidas y corruptelas), aprovechan la inestabilidad del gobierno para levantarse en contra de un Sistema fallido, hacer justicia por su propia mano y retar, tal vez el escenario más preocupante, al ejército provocándolo, insultándolo, agrediéndolo, humillándolo, porque no hay autoridad federal, ni estatal capaz de resolver las demandas y necesidades de la población. Recientemente jovenzuelos, desestabilizadores profesionales a sueldo, gente irracional, familiares de estudiantes de Ayotzinapa, agredieron con bombas molotov, petardos, proyectiles, cohetones el portón y muros del cuartel de la 35 Zona Militar, en Chilpancingo, Guerrero. Por disciplina, cautela y respeto, los efectivos no respondieron a la agresión, teniendo que “comerse la humillación”, pese a que, literalmente, “les apedrearon el rancho”.

Esto demuestra la falta de control político de los gobiernos federal y estatal, ambos del PRI, que no saben o no pueden consensuar, acordar, resolver problemas sociales, por falta de capacidad, habilidades y negociación, pese al radicalismo de los grupos inconformes. El arte de la política –le recuerdo a los gobernantes- es dialogar, acordar, ceder y negociar el interés común. Y en este sexenio lo que falta, justamente, es capacidad de negociar.

Todos deseamos se vaya 2016, un año desastroso, en el que las pésimas políticas económica, financiera, educativa, laboral, comercial, de seguridad, de salud, energética han hundido en la mediocridad al gobernante, a su partido, su gestión, provocando daño irreversible a más de 120 millones de mexicanos, que al mirar su bolsillo, su entorno, su intimidad del hogar, se ve golpeado, engañado, pisoteado y no sabe cómo salir del problema.

Pero 2017, no será diferente, reitero, es electoral (cambio de gobernador en el Estado de México) ícono del proceso electoral presidencial, situación por la que Enrique Peña Nieto distraerá su responsabilidad para “salvar” la gubernatura mexiquense, que prácticamente tiene perdida por la nulidad de Eruviel Ávila, y en donde canalizará recursos económico, humanos, estratégicos, para no ser derrotado.

En 2017 todos las huestes priistas desbocarán su tiempo y dinero para no perder Estado de México, Coahuila y Nayarit, que aunque parezca ajeno, distante, no es así, forma parte de un todo en el que el gobierno (fallido) federal se involucrará de pleno e ilegalmente distrayendo su obligación de resolver la prioridad nacional que es elevar la calidad de vida de los mexicanos.

No son ideas diferentes todo el escenario descrito, de ninguna manera, por cuestiones meramente políticas, el sexenio peñista auto fija distractores en descuido de su constitucional responsabilidad: gobernar por el bien de los mexicanos. Prueba fehaciente de ello es que en cuatro años no ha sabido o podido administrar un país al cual protestó representar. Ha sido –en el mismo periodo-  juez y parte de corruptelas (Casa Blanca) Malinalco, Ixtapan de la Sal, Javier Duarte, desprecio de parentela a los “asalariados”, etc. No ha querido desmarcarse de inercias negativas, por así convenir a sus intereses.

Todas estas inconsistencia y corruptelas (sumada los hermanos Moreira, Humberto y Rubén) marcan su sexenio  inmoral, omiso, cómplice, indiferente, coludido, complaciente. No se ve que en los dos años que le restan corrija y mejore, no su gestión, sino el derecho de 120 millones de mexicanos de acceder a mejor calidad de vida; imposibilidad –lamentable- que por decisión de un solo hombre, daña friega, lastima el derecho inalienable de vivir mejor, en paz y con proyección de ascender, al menos, un grado de satisfacción.

Que se vaya 2016 y ojala en 2017, los  ciudadanos seamos más contundentes, participativos, exigentes para erradicar, no tolerar y perseguir a los corruptos –fácilmente identificados- y ordenar, sí, obligar a los “representantes populares” (los corruptos diputados y senadores), aprobar la ley de Revocación de Mandato para quitar del poder al mal gobierno, malos gobernantes y corruptos legisladores, porque ya basta de tolerar, simular y guardar silencio cuando las cosas se hacen mal (como es el caso).

El poder está en el pueblo –reza el término democracia- en México hemos ignorado esta legalidad, dajando a  los políticos corruptos dicha potestad, cuando es al revés.

Debemos despertar y actuar ipso facto. Ya fueron 74 años de “dictadura perfecta” del PRI, hoy es tiempo de los ciudadanos y si los malos gobiernos nos dañan, quitémoslos. No hay de otra.

* Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT) y de Comunicadores por la Unidad AC (CxU).

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