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martes, 15 de noviembre de 2016

Un triunfo inesperado (por algunos)

Miguel Arroyo

Hace algunos meses en este apreciado espacio de libre expresión, cometamos que el entonces precandidato a la presidencia de los Estados Unidos de América, Donald Trump, tenía posibilidades para hacerse con la nominación del Partido Republicano y así fue.

Posteriormente hicimos un breve análisis para explicar por qué Trump tenía posibilidades  de convertirse en un serio adversario de la candidata demócrata Hillary Clinton y en efecto,  al paso de las semanas Trump fue acortando la diferencia que lo separaba con su adversaria en la carrera presidencial, hasta colocarse en un virtual empate técnico.

También comentamos un día antes de las elecciones que Trump tenía serias posibilidades de ganar la contienda y que las encuestas no eran confiables. Así que por lo menos para este columnista, el resultado no fue del todo una sorpresa ni sorprendente.

Lo que me extraño, fue que durante prácticamente todo el periodo de precampaña y la contienda presidencial,  los analistas nacionales minimizaron las posibilidades de Donald Trump de ganar la presidencia de su país, aun y cuando algunos tienen un amplio conocimiento de la sociedad estadunidense por haber trabajado o radicado en ese país o por su cercana relación con el pueblo de Estados Unidos.

Por otra parte,  los analistas de nuestro país estuvieron siempre  con la esperanza, hasta el último momento de la noche electoral, de que Hillary ganaría las elecciones.

La otra cuestión que me sorprendió, fue la falaz presunción de que el triunfo de Hillary beneficiaría “per se”, a los intereses de nuestro país y nuestros analistas se pusieron en manos de Hillary, como si ésta fuera el ángel de la guarda de los mexicanos, dando un triste espectáculo de sumisión a un líder extranjero. Estimados amigos, así pensaban los mexicanos que  fueron a ofrecer a Maximiliano el  “trono” de nuestro país.

Cabe puntualizar que la historia ha demostrado que los gobiernos y las élites anglosajonas antes de afecto tienen intereses.

Peor aún fue el espectáculo, al día siguiente de la jornada electoral, de los medios, comentaristas y analistas nacionales que difundieron un ambiente sepulcral de duelo. Parecía que la invasión de la patria era inminente, cuando no hay nada más alejado de la realidad.

Cabe destacar que en la madrugada del 9 de noviembre, López Obrador difundió un mensaje de ánimo y de mesura. Mucho se le ha criticado a López, pero para mí, fue una decisión muy acertada y oportuna. Había que comunicar  tranquilidad a los diferentes sectores nacionales y  lo que dijo López fue verdad pura; México es una nación soberana. Ningún otro líder político salió en ese momento a los medios, la mayoría reaccionó hasta entrada la mañana del día 9.

Creo además que el ambiente sepulcral de los medios nacionales contribuyó a promover el nerviosismo de los mercados y del tipo de cambio.

Siempre es mejor enfrentar un lobo al descubierto que un lobo con piel de oveja, como lo es Hillary y muchos de los demócratas estadunidenses, Obama incluso, es el presidente que más mexicanos ha deportado en la historia de la relación con el vecino país del Norte.

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