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viernes, 4 de noviembre de 2016

Textos en Libertad / Jorge Alberto Manrique y la confrontación INAH-UNAM

José Antonio Aspiros Villagómez

 Este 2 de noviembre el tecleador revisaba sus apuntes sobre Jorge Alberto Manrique para una charla próxima a impartir, cuando supo del fallecimiento de ese conocido y polémico historiador y crítico de arte, director de museos y miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM.

Fue inevitable recordar entonces aquel episodio de 1988, cuando Manrique debió renunciar a la dirección del Museo de Arte Moderno, sito en la primera sección del Bosque de Chapultepec, porque grupos conservadores repudiaron una exposición del artista plástico Rolando de la Rosa, quien puso la cara de Marilyn Monroe a una imagen de la Virgen de Guadalupe.

Pero el principal recuerdo data de una década antes, debido a que, en su trabajo reporteril para la agencia Notimex, tocó al tecleador informar del rechazo de Jorge Alberto Manrique a las excavaciones del Templo Mayor en el corazón prehispánico y virreinal de la capital mexicana.

Así, el 23 de julio de 1978, escribió la siguiente nota -una de varias en esos días- sobre la inusual confrontación entre dos funcionarios y dos instituciones:
“El Instituto Nacional de Antropología e Historia acusó hoy al director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, Jorge Alberto Manrique, de hacer declaraciones dolosas, alterar los hechos, omitir responsabilidades y confundir a la opinión pública mediante juicios apriorísticos, en relación con las excavaciones del Proyecto Templo Mayor.

“El director de Antropología, Gastón García Cantú, dio a conocer un documento en el que refuta recientes afirmaciones de Manrique y advierte que es inadmisible que una institución universitaria calumnie una labor encauzada al servicio cultural de nuestro país, a través del cumplimiento de la ley.

“García Cantú aclara, además, que en el caso del Proyecto Templo Mayor se ha procedido estrictamente con apego a la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, y en ningún caso se autorizará demolición alguna que afecte un monumento cuya conservación esté bajo custodia del INAH.

“La respuesta a Manrique obedece a recientes declaraciones de éste en el sentido de que, para descubrir el Gran Teocalli azteca, serán afectados 40 mil metros cuadrados de edificios coloniales, cuando en realidad sólo se autorizó la demolición de seis, y en el caso de uno de ellos se dio marcha atrás.

“Tras desmentir a Manrique, García Cantú expresa que habría sido erróneo elaborar un proyecto arquitectónico desconociendo el alcance de los descubrimientos arqueológicos. A este respecto, Notimex supo de buena fuente que el proyecto será elaborado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, una vez concluidas las excavaciones.

“La declaración del director del INAH puntualiza también que no se ha destruido ningún monumento histórico y nadie ha pensado en hacerlo, como denunció Manrique.

“Explica también que éste se opuso a la demolición de la Antigua Librería Robredo, argumentando en términos despectivos hacia los monumentos prehispánicos, que se vería horrible el sitio demolido y lo más que se descubriría serían los restos de un perro.

“La verdad es que, en ese sitio, han aparecido dos cabezas de serpiente y elementos arquitectónicos importantes del Templo Mayor.

“Faltando a la verdad –continúa García Cantú en su declaración escrita- Manrique asevera que la Junta Consultiva Externa de Monumentos Históricos del INAH no ha autorizado demoliciones, cuando él mismo o sus representantes, aprobaron sin objeción que fueran demolidos el edificio de Guatemala 42 y otros tres de la calle de Argentina, que datan de la segunda, cuarta y quinta décadas de este siglo.

“Finalmente, respecto a la casa de Guatemala 48, cuya demolición quedó a medias, el comunicado de hoy indica que se retiró aproximadamente 1.25 metros, en promedio, de la parte superior del segundo nivel, que corresponde a la primera crujía de una construcción de los últimos años del siglo XIX o principios del XX.

“Explica al respecto que, por acuerdo de la Junta Consultiva Externa de Monumentos se determinó –y así se hará- consolidar y conservar dentro del ámbito del Templo Mayor los restos de esta casa, que data de la primera mitad del siglo XVIII y no del XVII como audazmente lo afirma Manrique.” Hasta aquí la transcripción.

El hoy fallecido doctor en historia, defendió con celo el perfil colonial del centro histórico de la capital mexicana, en particular la catedral, por su hundimiento debido a la fragilidad del subsuelo y a obras a su juicio perjudiciales en ese aspecto, como el tren subterráneo (metro) que cruza por el lugar, y las mencionadas excavaciones del Templo Mayor.

Desde 1987, el centro histórico es patrimonio cultural de la humanidad, por disposición de la Unesco.
El pasado 22 de junio, el Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información (INAI) ordenó al INAH buscar y entregar información sobre cuántos edificios coloniales fueron “desmantelados” debido a las excavaciones, dónde se encuentran ahora sus fragmentos, cómo se les protege y quiénes son los responsables de su cuidado.

Según el INAI, dos dependencias del INAH dieron información contradictoria sobre la cantidad de edificios desmontados y se debe precisar

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