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jueves, 24 de noviembre de 2016

Seguridad y Gobierno / Trabajo, dinero y porvenir

Romeo Déctor García*

Osaré escribir sobre un tema coyuntural pero que nos debe mover a la reflexión más que a la desesperanza. La tasa de referencia que recientemente aumento medio punto porcentual el Banco de México para llegar a 5.25 es una acción que en mi opinión debió de darse hace ya tiempo. No hacerlo ha propiciado que el dinero pierda su valor, en particular el peso mexicano.

Las autoridades del banco central han argüido que mantener las tasas de interés en mínimos ayuda a evitar la inflación que ha sido una meta de hace varios años lo que no obstante ha limitado el ahorro y por ende que todos los inversionistas (pequeños, medianos y grandes) no vean incentivos para abundar en la riqueza.

Un asunto vox populi, probablemente propiciado por las restricciones a las tasas de interés es que los ahorradores medianos en lugar de dirigir su consumo o uso del dinero en bienes que agreguen valor a la economía (bienes duraderos en su hogar, bienes de capital en la empresa, de otros más) han dirigido su gasto a bienes fungibles o residuales que no necesariamente contribuyen a su calidad de vida o a mejorar sus condiciones de bienestar, en cuyo caso si fue así han sido efímeros.

Prácticamente en el último año la tasa de referencia ha subido 1.5 por ciento, lo que debería de continuar para llegar al promedio que se tenía en el año 2008, como un caso. No hacerlo únicamente propicia que no se gaste en bienes de capital o en reunir capital para fomentar la riqueza de los individuos y así aspiren a la propiedad raíz. Considerar que tasas de interés bajas ayuda a preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional, propicia la disminución del valor del dinero en el tiempo, reduce el ahorro nacional y por ende acota las posibilidades para generar infraestructura en mayor volumen que el mero destino en bienes o servicios fugaces.

Desde luego que promover el aumento del salario para que este sea digno y decoroso debe seguir como una necesaria aspiración para que los trabajadores y la población en general cuenten, al menos, con un incentivo para encaminarse a la vida productiva. Demeritar el valor del trabajo honrado nos ha colocado, entre otras situaciones, con que en la actualidad en muchas regiones, zonas, municipios, delegaciones o colonias del país el narcomenudeo sea una forma de vida (efímera probablemente, pero vida al fin), el robo a transeúnte, en transporte público o de automovilista sean un día a día, aumente el consumo de drogas o algunos casos de suicidio tengan su origen en cuestiones económicas, de manera particular en grandes ciudades como CDMX o la zona metropolitana del Valle de México.

Así las cosas, la redistribución de la riqueza vía mejora en las tasas de interés, trabajo bien remunerado y generación de valor con políticas públicas focalizadas a la agricultura, industria, desarrollo y servicios pueden lograr subvertir la desigualdad existente en el país establecer nuevos incentivos al emprendedurismo, creación de empresa y muy probablemente ejercer el derecho a la propiedad.

De esa forma la propiedad raíz contribuirá concomitantemente a la promoción de comunidad, alejamiento del nihilismo (en su sentido abierto) y que los individuos, sobre todo los jóvenes, practiquen un nuevo hedonismo distinto de lo que usualmente practican (esto es participar de la lectura, respeto a los padres, evitar el maltrato a los otros y a sí mismos, además de amar el paisaje y lo natural). Retomemos los principios civilizadores en todo lugar y tiempo. Sursum corda.

* Experto en Gobierno y Asuntos Públicos.

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