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lunes, 14 de noviembre de 2016

Seguridad y Gobierno / El miedo a la nada: Del ejercicio al abuso y muerte del poder

Romeo Déctor García
Twitter: @dector72

Considero que no necesariamente el sistema normativo refleja al sistema político y mucho menos este las aspiraciones y necesidades colectivas. No obstante estas últimas generalmente tardan en ser satisfechas dada la enorme estructura política y aún más la normativa que se requiere reformar o ajustar para ello.

Desde la operatividad de los derechos de los niños y niñas, o la justicia para adolescentes, la situación de las víctimas, hasta añejos temas en México como la propiedad agraria o el régimen hacendario de los municipios se requieren varios años, legislaturas y sexenios o trienios para que una reforma de Estado o administrativa tenga plenos efectos.

Pero más allá del necesario cambio republicano de gobierno tanto en ejecutivos, legislativo o el ámbito municipal bien nos haría aspirar a mecanismos eficaces de seguimiento y evaluación distintos de los tradicionales (transparencia, rendición de cuentas o incluso la 3 de 3) que vayan más allá del estado actual de cosas ya que como vemos el ejercicio de gobierno esta rápidamente mutando en abuso del poder y en no pocos casos en sutiles tiranías locales o nacionales de todo tipo.

De si la población requiere saber sobre el manejo de recursos financieros nos movimos a la llamada rendición de cuentas o la transparencia; de si era importante la participación ciudadana configuramos consejos o instrumentos e instituciones para ello; de si buscamos que no fueran los mismos de siempre los que vigilaran la observancia de los derechos humanos o la administración de las elecciones transitamos a órganos autónomos colegiados o tribunales que ahora se eligen en combinación Ejecutivo, Legislativo y Judicial para hacer valer los derechos de votar, ser votado y otros derechos colaterales en la materia.

De si se requería un manejo concentrado de las transferencias o recursos que la Federación distribuye en los Estados o Municipios creamos sistemas nacionales de coordinación fiscal o lineamientos de operación, lo que sin embargo recientemente quedo en entredicho al conocerse que recursos transferidos (caso Veracruz de la Llave) no llegaron oportunamente a municipios o incluso existe la presunción de su desvío.

Las otrora comisiones de vigilancia de las contadurías mayor (legislativo federal y legislativo local), que pasaron a las denominadas auditorias u órganos superiores de fiscalización superior llegamos a un “sistema” nacional anticorrupción que previo a él no han demostrado en el día a día ser mecanismos efectivos para un adecuado manejo de los recursos financieros del Estado y tampoco brindan seguridad jurídica a quienes ejercen determinados cargos de gobierno ya que los órganos fiscalizadores suelen revisar post facto, e intentan (en vía administrativa o vía penal) perseguir a probables responsables de ilícitos lo que con el tiempo no ayuda a la confianza ciudadana ni a la vocación de quienes tienen interés en los asuntos de gobierno.

Así las cosas en tanto tengamos miedo de abrir el servicio público a la población en general con interés en él y se establezcan métodos sencillos de reclutamiento, o sigamos atados al pasado en la operación de viejos sistemas administrativos, institucionales o políticos, quedará claro nuestro sentido de vació sobre el porvenir y ante añejos problemas les seguiremos colgando Comisionados o Jueces ad hoc, generaremos lentos consejos o instrumentos de participación y mediatizaremos todavía más la atención de auténticas necesidades colectivas.

Aunado a ello los tiempos de espera de la regulación complementaria a cambios constitucionales, o reglamentaria a reformas del legislativo, seguirán alimentando la ingenuidad en unos casos o las ambiciones de muchos ciudadanos que al amparo de la oportunidad o de la polaridad social solamente ocupan cargos o espacios de gobierno sin mayor trascendencia que la del propio interés (que no ejercen el mínimo sentido de verdad o de vocación en su labor). También al mantenernos distraídos con las olas reformadoras seguiremos sin dar estabilidad al ejercicio público y dando oportunidad al abuso del poder con operaciones que acusan en mucho corrupción institucionalizada (Veracruz, Chihuahua y Sonora, por ejemplo).

No es posible que en la actualidad con la división y organización del trabajo existan empleados de gobierno que cubran más allá de la jornada laboral de ocho horas o que haya supervisor del supervisor o numerosos tramos de dirección y control en organizaciones que requerirían de mayor fluidez operativa (PGR, INE, Secretarías de Estado), como tampoco sería posible mejorar algunas funciones (procuración de justicia) o de administración de justicia (tribunales locales y la Corte) si en el primer caso el responsable es retirado (voluntaria o involuntariamente) antes de dar resultados o en el segundo supuesto se tengan jueces o magistrados que han rebasado en mucho la edad de jubilación (hay quienes ostentan una antigüedad de 50 o más años en servicio público judicial o combinado).

Sí, en efecto el miedo a la nada nos ha convertido (como Estado) en un enorme reptil que quiere volar pero su peso se lo impide, desea correr pero las cadenas de funcionarios, dependencias o consejos lo restringen; necesita evolucionar pero no puede ya que muchos de sus órganos o elementos le han causado una especie de arterioesclerosis combinada con desoxidación que lo paraliza y pone en grave riesgo de morir. En tanto muchos parásitos u organismos oportunistas lo carcomen desde su interior y le hacen supurar su aparentemente acorriosada piel.

Post scriptum: El miedo a la nada aquí sería la incertidumbre, intrascendencia o escasez de fama, lo que conlleva, en materia de gobierno, a aspirar al crecimiento burocrático, creación de instituciones o preservación de otras sin un atisbo de crítica o cambio auténtico que mejore el servicio público y responda a las auténticas necesidades colectivas.

* Experto en gobierno y asuntos públicos.

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