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lunes, 21 de noviembre de 2016

Comentando / La crisis que se avecina a partir del 21 de enero de 2017

* Paliativos y no soluciones a la deportación de millones de mexicanos

Luis Repper Jaramillo*
lrepperjaramillo@yahoo.com

“Donald Trump, es un peligro para México”.

Nunca como ahora esta frase muy popular en el país se puede aplicar para el antimexicano número uno del mundo, el Presidente Electo de Estados Unidos, el xenófobo, nacisista, radical, intolerante y carente
de sentido común, Donald Trump. antipolítico, narcisista, prepotente y xenófobo, ganaría la carrera a la demócrata Hillary Clinton, y ¿la verdad? nos confiamos ¿Quiénes? todos, ciudadanos y gobierno federal. Subestimamos a Trump, a los delegados electores por Estado, confiados en que la influencia de Barak Obama, de Bill Clinton, de la capacidad política, mediática y  popular de la ex primera dama, le daría el triunfo; desdeñamos las bravatas y nula preparación política del multimillonario.

Ahora, a 8 semanas de asumir el poder, los mexicanos radicados legal, ilegal y temporales  en Estados Unidos tiemblan, se horrorizan, se apanican y sobreviven en la incertidumbre, el miedo y la agonía de ser deportados.

Y no es cosa menor, pues de los más de 11 millones de condicionales establecidos allá, entre 3 y 4 millones están en riesgo de ser perseguidos, cazados, detenidos y confinados a las áreas de expulsión para regresarlos a su país, con las consecuencias de deshacer familias enteras, pues muchos de los hijos ya tienen esa nacionalidad o nacieron allá;  tienen derecho a permanecer como ciudadanos norteamericanos.

El problema es mayor para el gobierno peñista, pues nunca calculó el triunfo de Trump, por lo que no diseñó un Plan “B”, para el regreso de millones de mexicanos.

Hoy sólo un paliativo han anunciado las autoridades de la Cancillería. Un catálogo de 11 puntos en el que destaca “pórtense bien”, no cometer delitos, ni ser capturados porque los primeros que deportarán a partir del primer minuto del 21 de enero de 2017, serán los mexicanos fichados, delincuentes, capturados en manifestaciones anti Trump y los que tengan antecedentes penales en cualquier territorio del Tío Sam.

Otra “reacción” oficial es poner a disposición de los condicionales una línea telefónica 01800 y unidades móviles consulares para orientar, asesorar y guiar a los desafortunados en su regreso a México.

Estas medidas, reaccionarias, no preventivas –con años de antelación- no resolverán el problemón pues al ser deportados,  perderán su patrimonio, el vínculo familiar, parte de su vida, que durante tantos años forjaron de manera legal o ilegal.

Insisto, los 11 puntos de la “estrategia” mexicana son sólo una aspirina, para el cáncer que representa ser devueltos al país, por una política inhumana, violatoria a los derechos humanos, xenófoba,
racista e irracional del futuro mandatario que odia todo lo que suene mexicano.

No hay solución diplomática, política, humana, que detenga la decisión del magnate, por lo que “la bomba” que tiene en sus manos Enrique Peña Nieto y su primer círculo le estallará dañando a más de 4 millones de mexicanos, por no saber en dónde reubicar, otorgar empleos y ofrecerles mejor calidad de vida.

Ahora, Los Pínos, tiene una campaña mediática muy tibia, en la que exhorta a los mexicanos a arraigar nuestro nacionalismos y apoyar a los compatriotas que están a punto de regresarnos. Pero por ahí no va
la solución, insisto, es sólo mediática, no correctiva, de su política exterior y laboral; pues esos millones de connacionales se fueron del país por falta de oportunidades de trabajo, por inseguridad, por las
estúpidas crisis económicas que los gobiernos priistas y pancistas nunca supieron solucionar. Creyeron que toda la vida los gobiernos gringos soportarían y seguirían recibiendo mexicanos huidos a su país.
Llegará a la Casa Blanca un racista y ya dio la primera muestra de su odio a los mexicanos.

¿Qué ha faltado? Que Enrique Peña Nieto, se suba a su lujoso avión, vuele a Nueva York o Washington, para encontrarse con Trump, poner las cartas sobre la mesa y llegar a acuerdos. El primero sobre las inminentes deportaciones. Tiene que llevar en el portafolio  temas migratorio, de seguridad, de drogas, de tráfico de armas, comercial, etc. y no levantarse de la silla hasta conseguir una reconsideración sobre la expulsión de nuestros compatriotas.

Caso perdido son los Senadores de la República, que han optado por esconder la cabeza en un hoyo (como los avestruces), pues su pasividad, desinterés, indiferencia o burrez, ha demostrado que en
cuestión de asuntos internacionales –que es su responsabilidad legislativa- no tienen capacidad de negociación o insinuar que ya buscaron a su contraparte norteamericana (o a la de transición) para establecer acuerdos que protejan a los migrantes de decisiones xenófobas, arrebatadas y atentatorias de los derechos humanos.

Los Senadores mexicanos, duermen el sueño de los justos, dejando el paquetote  al gobierno federal, cuando la política exterior es de su competencia… vamos, ni los priistas han aportado una propuesta de solución o negociación con los equipos de transición de Trump.

Es tal la indiferencia de algunos “miembros” del gabinete legal sobre la “mala suerte” de millones de mexicanos que serán deportados, a quienes se puede aplicar la frase popular “con esos amigos para que
quiero enemigos”; tal es el caso del Secretario del Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, quien afirmó “México tiene un nicho de oportunidad para recibir la mano de obra calificada que regrese de Estados Unidos, ante las amenazas de deportaciones masivas por parte de Donald Trump”. Lo que no sabe, olvida o se burla, Navarrete, es que serán casi 3 millones de expulsados y nuestro país padece una tasa de desempleo galopante de 7 millones de personas.

Hace mofa con su declaración, pues asegura que la mano de obra calificada será bien recibida, cuando sabemos que el 98% de quienes regresarán son piscadores, campesinos, taqueros, nanas, sirvientes, choferes, etc. –que son dignos- pero esos oficios sobran en México.

No señor Secretario del Trabajo, México no está preparado para recibir a 3 millones más de compatriotas que se sumarán a los 7 millones de desplazados que los gobiernos federales no han resuelto, sólo paliado.

El otro infortunado secretario de estado, el de Economía, Ildefonso Guajardo Villareal,  en lapsus brutos y optimismo barato señaló (literal): “la victoria de Trump abre un “espacio de modernización”
del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que podría ser utilizado para la estandarización de prácticas empresariales en la región conformada por Canadá, México y Estados Unidos.

“Sin duda para no dejar desactualizado el Tratado de América del Norte tenemos que agregarle un capítulo de comercio electrónico que hace más de 20 años no existía, tenemos que introducirle protección de datos de biomedicina, capítulo muy eficiente y efectivo de cómo promover
 adenas de valor de Pymes” (sic).

Bueno… qué Guajardo Villaseñor no le (lee), o no lo entera su área de Comunicación Social, que el racista Trump, adelantó que se revisará totalmente el TLCAN y que si esto no beneficia a Estados Unidos –sobre México y Canadá- lo desaparecerá. Si esta decisión se da, señor Secretario, cerrarán miles de empresas mexicanas que ya comercian con ambas naciones, se agudizará el desempleo y miles de familias, de este lado de las fronteras romperán su calidad de vida.

Algunos miembros del gabinete peñista no dimensionan aún, por indiferencia, la crisis social, económica, política que se desatará a partir del 21 de enero de 2017 cuando un neonazi pise y se siente en el sillón presidencial de la Oficina Oval de la Casa Blanca y remate su proyecto antimexicano.

No cabe duda, y como en otra entrega en este mismo espacio señalé, “Enrique Peña Nieto es el hombre más solitario del país” y esta crisis con Donald Trump lo confirma, parte del gabinete lo ha dejado solo y serán dos años terribles los que tendrá que lidiar con el vecino más poderos del mundo y el antimexicano número uno del orbe.

¿Sabrá sortearlo Peña?

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT) y de Comunicadores por la Unidad (CxU).

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